Mis propósitos de fin de…

Es momento de hacer balance, es momento de mirar lo que fue el 2011 y hacer planes para 2012, de reflexionar lo que has hecho bien y mal y de planificar hacia adelante. ¿no?

Eso me preguntaba viendo este mundo online de reflexiones, “best moments of”, propósitos y demás de estos dos años.

Y yo, que a veces me siento como que quiero llevar la contraria me decía que no. Que no porque se me hace difícil ni siquiera recordar todo lo que he hecho en 2011 bien y por supuesto mal.

¿No te pasa? ¿Te acuerdas de lo que ha pasado durante todo el 2011? No dudo que es bueno hacer la reflexión de todo el año pero a mi al menos me cuesta mirar “tan atrás”. Y digo tan atrás porque la vida pasa muy rápido y un año para mi es mucho.

Y como se me hace tan difícil mirar para atrás me pasa lo mismo con el “para el 2012”. Si no me acuerdo del inicio del 2011 estoy seguro que en unos días se me habrán olvidado los propósitos del año 2012 y no quiero que pase con lo que me he hecho el propósito de acordarme aún más del payaso que ilustra este post.

Todos los días veo el cuadro del payaso. Es una historia bonita, de alguien que se gastó sus primeros sueldos en pagar un cuadro de para mi una mente genial, del gran Antonio Mingote. La historia incluía un “vente a mi casa y elige el que quieras”, y eso es un reto, el que quieras de una casa en la que no cabe un cuadro del famoso pintor de Sitges.

No se lo que te imaginas tu que lees esta líneas pero yo me imagino el Metro de Madrid y mucha gente oscura que ni siquiera ve el payaso que está sentado entre medias. ¿No ves la escena? ¿No te pasa que en el Metro mucha gente parece triste? En el propio cuadro hay miedos, tristezas, oscuridad y un payaso que sonríe.

Y así quiero ser yo. Estoy un poco hasta ahí de escuchar que este 2012 va a hacer bueno al 2011, que feliz 2013, que nos queda lo peor y demás. Y me quedo con que da igual, con que vamos a hacer el camino igual y que hay que iluminar a nuestro alrededor, como ese payaso. Estoy seguro que por mucho que lo lleve con más o con menos alegría las cosas van a ser iguales. Da igual como me lo tome pero estaré donde tenga que estar al final de 2012.

Entonces, mi propósito para hoy, y espero contagiarte un poco, es ese . Ser como ese payaso y transmitir lo que tengo dentro y ayudar a que las cosas sean las que son, mejor o peores, pero con alegría.

Aprendiendo donde no están mis límites. NYC Marathon 2011

Hace sol, un sol que no es normal en Nueva York, no hace frío, nada de frío y hay mucho silencio. Silencio porque va a hablar Michael Bloomberg a las doce mil personas que aproximadamente conformamos la primera oleada, la que a las 9:40 va a cruzar el puente de Verrazano en el inicio del maratón de Nueva York. Me ha tocado la salida buena, la naranja, una de las dos que va por encima del puente.

Habla Bloomberg y hay mucho respeto, es nada menos que el alcalde de Nueva York y aunque sea un tío muy discutido se le escucha con atención, sin ni una voz, como por supuesto y por desgracia no pasaría en España. Termina y una cantante comienza con el espectacular The Star-Spangled Banner que si no lo sabes, así se llama al himno americano. Y si antes había silencio ahora corta, todo el mundo se ha quitado las gorras, muchos se les ve emocionados y hasta a los muchos que somos extranjeros se nos encoge todo. Los helicópteros que están en el cielo es como si no estuvieran, como si no se les oyera.

Y cuando te crees que ya no queda nada más de emoción, se da la salida con un disparo seco, todo el mundo grita y atruena el “New York, New York” de Sinatra. Entonces esa primera oleada empieza a circular por la primera milla, la más dura del recorrido porque sube el puente. Correr encima del puente es alucinante, retumban las pisadas de los corredores, los helicópteros pasan a escasos metros del mayor puente colgante de América en horizontal y hay barcos que en el agua disparan chorros de agua.

Y por si no me he sabido explicar mejor mira…

Pero este año no me va a poder la emoción. Ya conté el año pasado lo que no hay que hacer al correr una maratón y no voy a repetir todos mis errores un año más. Estoy súper concentrado, me he hecho el propósito de no pasarlo mal y que la cabeza no me va a ganar en los 42 kilómetros que me quedan por delante. Me acuerdo de cómo se prepara Rafa Nadal en una final de Grand Slam y de la concentración de la que tanto habla Kilian Jornet y con mi por supuesto distinto nivel no lo voy a hacer diferente mentalmente.

Termina el puente y empieza Brooklyn donde aún todos los corredores están repartidos entre los tres recorridos que hacen que todos podamos correr sin problemas. Y aunque tengo ganas de ir más rápido controlo cada kilómetro entre los 4:50 y los 5 minutos. Y voy como un reloj y esos minutos son los que más disfruto. Dice el propio Kilian Jornet que lo importante no son los records ni las metas que te pongas sino las sensaciones que hayas tenido consiguiéndolos. Y es cierto, de lo que más me voy a acordar de este maratón no es del tiempo que he hecho sino de lo que he vivido en la carrera.

Salvo los puentes este maratón es brutal en cuanto a afluencia de público que va a animar, a cantar, a hacerte regalos, a sacar las banderas de su país, a buscar a los suyos. Y Brooklyn en eso es muy cálido tanto en la zona inicial de casas unifamiliares como cuando llegan los pisos. Es el no va más en cuanto a grupos de música que voluntariamente han ido a tocar, cada uno su música ¡hay más de 130 bandas!

La 4th Avenue de Brooklyn se me pasa pronto quizá porque se que me van a animar al final, en la milla ocho. Y el reloj de mi cabeza y de mi cuerpo sigue funcionando. Cada puesto de bebida bebo aunque no tenga sed, cada vez que hay un plátano lo cojo y me lo como, cada paso por un kilómetro, una milla, un diez mil o diez millas calculo y siguen saliendo las cosas bien.

Nueva York es una mezcla de nacionalidades espectacular tanto en el día a día como en el maratón. Más de la mitad de los cuarenta y cinco mil corredores son extranjeros y eso aporta mucho colorido, muchas banderas e incluso situaciones divertidas. En estas a veces están nuestras contradicciones patrias que el extranjero no entiende. Valencianos con la Señera Coronada como camiseta a los que les dicen ¡que viva Cataluña! o corredores con camisetas del Barça con mensajes separatistas a los que los incautos americanos a veces gritan ¡que viva España!

La media maratón llega al entrar en Queens en el puente Pulaski, el primer sitio donde se ve claro el skyline de Nueva York. Mucha gente cree que la maratón se desarrolla en Manhattan pero solo nueve de las veintiséis millas discurren por la Gran Manzana y este puente es la primera vez que se ve la enormidad de la ciudad. Y a todo esto paso la media maratón en 1:45:10 lo que debería no ser muy buen tiempo porque según la teoría debería hacer la maratón completa en el doble de tiempo más diez minutos, o sea, en unas tres horas cuarenta minutos. Pero lo cierto es que voy como un reloj, entre 4:50 el mejor kilómetro y 5:10 el peor, promedio cinco minutos y un segundo, y no estoy preocupado más que en no preocuparme, en seguir concentrado.

Poco después, entre la milla quince y dieciséis se cruza el puente de Queensboro que por fin te mete directo a Manhattan. El reloj Garmin que llevo se vuelve un poco loco y me dice que estoy haciendo el kilómetro cerca de doce minutos, lo que aunque se que por supuesto no es verdad, me despista un poco. Y al entrar en Manhattan, cuando coges la 1st Avenue es la locura. Todo el mundo grita detrás de las vallas que acordonan el recorrido, impresiona verte en un circuito enorme en el que la gente te lleva en volandas y en el que por fin me encuentro con Arturo y Myriam que han venido a verme.

Poco después empiezo a notar que voy menos suelto y me da fuerzas ver a gente de verdad con problemas. Paralíticos cerebrales, ciegos, mancos, cojos de las dos piernas, parapléjicos, todos corren y se quejan mucho menos que yo. ¿por qué iba a tener que hacerlo yo? La capacidad de sufrimiento humana es mucho mayor que la que yo soy capaz de tener en la cabeza y eso me empuja a que no me duela, a seguir.

En la milla dieciocho tengo mi golpe de suerte en la maratón, me encuentro a un hombre de los que pone la organización con globos que indica que va a hacer el recorrido en tres horas y media y me pego a el como una lapa. – A este no le suelto, aunque me muera – Esto hace que vuelva a los ritmos de menos de cinco minutos por kilómetro que poco a poco iba subiendo. Hago las siguientes cinco millas a tope en un grupo que conformamos cinco: el hombre del globo, un chico con una camiseta “in honor of my dead son John”, una corredora danesa y otro corredor austriaco, no quiero perderlos y para no hacerlo empiezo con mi terapia de acordarme de determinada gente en cada kilómetro y hablar con ellos, decirles qué me gusta de ellos, por qué les quiero o qué me gustaría mejorar y me imagino lo que me responden lo que hace que se me vayan casi diez kilómetros sin pasarlo demasiado mal.

Pero en la milla veintitrés, después de un puesto de agua y Gatorade pierdo por poco al grupo del hombre del globo y empiezo a caer poco a poco. Es mi peor milla del recorrido con diferencia, hago diez minutos quince segundos frente a un promedio total de carrera de ocho diecisiete. Este es el trozo que discurre por la Quinta Avenida que psicológicamente es duro, donde se supone que está el famoso muro. Me despierta de este rato ver a un paralítico cerebral que se ríe cuando pasa un iluminado vestido de oso peludo desde la cabeza a los pies. Y una vez más pienso que mi capacidad de lucha tiene que estar mucho más arriba y que no puedo estar cansado y caramba, me vengo arriba bajando a nueve ninutos y medio la milla veinticinco, ya dentro de Central Park.

En Central Park ya se que estoy terminando, me acuerdo de lo mal que lo pasé el año pasado, de Diego y sus ánimos, y saco más fuerzas de donde se supone que no las había bajando la milla veinticinco en menos de nuevo minutos. Voy disfrutando, mucho, me duelen las piernas pero mi cabeza sigue diciendo que queda mucho, que es lo mejor y que no tengo que bajar.

Y ahí está la calle 59 y de nuevo la entrada a Central Park, la piel de gallina, las gradas de ING atestadas de gente donde me esperan y me animan los míos y donde llego, con permiso de mi cabeza pudiendo haber hecho más, con un tiempo total neto de 3:36:52 lo que es diez minutos mejor que mi mejor tiempo en maratón y quince minutos mejor que el de Nueva York de el año pasado. Todo por pensar y por luchar…

Coches eléctricos si, pero…

Perfil lateral del coche eléctrico Think City

Este pasado fin de semana he tenido la suerte que me dejaran un coche eléctrico. Cierto es que ya hace tiempo que existen y que quizá trabajando en coches.com tendría que haber tenido la oportunidad antes pero oye, es lo que hay. Aunque uno sea el que manda en la empresa me pasan cosas siempre raras en cuanto a primicias y usos de coches que uno parece que debería tener. Creo que ya he comentado que voy andando al trabajo, que no he tenido coche propio durante mucho tiempo y que he vivido de prestado tanto de unos familiares como de compañías de renting, concesionarios, etc. Por cierto, ya tengo coche propio pero eso lo contaré otro día que como decía al principio hoy esto va de coches eléctricos.

La oportunidad me la ha dado Jorge Bautista, CEO de ING Car Lease, con el cual tuve la suerte de comer hace unos días. Al salir me dijo que si me apetecía y le dije que claro, que aún no había probado ninguno y que estaría encantado. De Jorge no tengo más que cosas buenas que contar pero quizá eso sera para otro día. El proyecto de ING Car Lease en general y el de Driveon en particular me parecen absolutamente punteros en un sector del motor que en España necesita gente grande haciendo cosas distintas y por supuesto buenas. Y si no podía hablar más que bien de ellos encima todo fueron amabilidades llevándome incluso el coche a la oficina.

El modelo eléctrico en si era un Think City de dos plazas y amplio, para el tamaño del coche, maletero… ¿y ahora como sigo? ¿Cómo se escribe un post de estos de pruebas de coches? Otro cliché roto, no sé la estructura, la haré al tun tun, a ver cómo sale…

La impresión inicial del coche es la que tienes cuando usas un coche pequeño, que es como de juguete. Te cuentan que sale “fuerte” al arrancar y te hace gracia pero es verdad, no es que sea un Porsche o un Maserati pero oye, no sale como la pinta que tiene el coche. Es muy curioso el concepto de arrancar porque como el coche no suena no te das cuenta más que por un piloto de cuando está arrancado y cuando no. Te dicen que tengas cuidado que la gente no te ve y también es cierto, por el tamaño del coche en si y porque lo dicho antes, no suena nada, casi nada.

¿Al conducirlo? Cuando lo conduces por ciudad sin problemas, manejable, suelto y sin problemas. Me quedó la duda de si es un coche que en ciudades como Madrid se puede aparcar o no sin pagar el famoso papelito verde. Cuando ya te vas fuera pues vaya, limitado como es comprensible. Y es que eso era lo malo, que estoy viviendo fuera de Madrid y tenía que llevármelo fuera si o si, en concreto a unos setenta kilómetros y cuesta arriba. El coche me lo dieron al setenta por cierto de su carga y me aventuré a pensar que lo que dice su site es correcto y que si se supone que tiene una autonomía de 203 kilómetros pues me que tenía más que de sobra para llegar a mi destino. No me equivoqué pero las pasé canutas. Canutas porque al llegar a Las Rozas tenía el cincuenta por ciento de carga y aún tenía que subir el puerto de Galapagar y la Cruz Verde que no son el Mortirolo ni el Aubisque pero quien sabe, en ese momento había que dar soluciones. ¿cuáles? Punto muerto en las pocas cuestas abajo, nada de aire acondicionado, ventanas abiertas, punta de gas y mucha calma. Un viaje que repito bastantes veces y que tardas entre cincuenta y setenta minutos según velocidad y tráfico y que creo que nunca he hecho tan lento. Me hacía gracia porque todo el mundo me miraba mal, pensando que claro, que los coches eléctricos deben ir despacio, que quien es el tonto del coche naranja, etc. Llegué por debajo del quince por ciento de carga, pero llegué, y lo primero que hice fue eso, recargarlo. ¿cómo? Pues se recarga con un enchufe de los de toda la vida que tienes en el maletero y que por un módico precio de la electricidad te permite hacer los supuestos 203 kilómetros de nuevo. El proceso de carga es tremendamente sencillo aunque cierto es que tarda lo que en este modelo de coche te hace pensar si es la solución, no es como repostar un coche de gasolina en el que en un momento puedes volver a devorar kilómetros.  Unos días después la vuelta a Madrid fue más fácil, era cuesta abajo y empezaba en el cien por cien de batería, de hecho llegué por encima del cincuenta por ciento, eso si, hice un poco de todo de lo comentado pensando en que si se lo tenían que llevar de vuelta no quería que se quedaran colgados.

¿Conclusión? Pues que aunque el coche es una chulada y como concepto terminará siendo la alternativa hay mucho que desarrollar en tamaño de coches, autonomía y recarga, Creo que por ahora no es la solución a nada y queda mucho mucho por recorrer, por mucho que nos quieran vender la moto de la ecología, del menor consumo y demás. Para mi no es solución un coche con una limitada autonomía, pequeño y que cuando lo recargas tardas un rato. ¡y además cuesta un dinerete! Si que sería un tercer coche que podría tener en casa pero no soy de esos ni creo que esté el patio para terceros e incluso para segundos coches.

¿Y a ti? ¿Qué te parece? ¿Has conducido alguno ya? ¿Te comprarías uno?

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Cuando cinco minutos es una eternidad

Ayer corrí la Maratón Popular de Madrid, esa que hasta ayer mismo y durante muchos años fue más conocida por MAPOMA y que a partir del año que viene pasará a ser la Rock and Roll Madrid Maratón. Supongo que son cosas de la modernidad, de los patrocinios y de lo que nuestro afamado ZP quizá llamaría alianza de las civilizaciones.

Ha sido mi segunda maratón de Madrid, he vuelto al escenario en el que hace muchos años fue mi primera maratón y ni que decir que a mi ciudad, a mi Retiro que tantas mañanas me soporta. Por estos motivos y por muchos más le guardo especial cariño. Aquella primera maratón fue una experiencia sobrecogedora a pesar de los 4:34 con los que terminé los 42 kilómetros. Se me sigue poniendo la carne de gallina acordándome de tantos detalles.

Estoy seguro que si estás leyendo estas líneas y no eres corredor o si piensas que la maratón es algo inalcanzable pensarás que esto es de locos, que no lo harás nunca pero de verdad, salvo excepciones estás equivocado. Equivocado porque ayer vi correr a gente con 75 años, equivocado porque alguno era discapacitado, equivocado porque tienes hasta seis horas para acabar el recorrido, equivocado principalmente porque quizá nunca lo hayas intentado.

Y es que correr es algo de tenacidad, no tiene muchos más secretos, dando por hecho un poco de salud se basa en tenacidad. En diciembre empezamos cuatro personas con un plan de entrenamiento intenso. Desde entonces he corrido, incluyendo el día de la maratón, 607 kilómetros en un total de 16 semanas y 55 horas y media. En ese tiempo he tenido un poco de todo. Casi dos semanas sin correr por un pequeño esguince que un crack de fisioterapeuta me solucionó fácil, fechas de más kilómetros, de mejor promedio, de saltarme entrenamientos, de buscar huecos en el día a día, de no hacer todas las pesas y cuestas que había que hacer, lo normal, al fin y al cabo entrenar es como la vida, hay veces que lo haces mejor y otras peor.

Después de tanto entrenamiento el plan era bajar de tres horas cuarenta minutos. En la maratón de Nueva York corrí como no hay que correr nunca una maratón y a pesar de ser un recorrido apropiado para poder hacer una marca decente la manera de correr no me permitió más que un tiempo de 3:51:29. Y además es que llegué muerto, me tragué el muro y todo lo que venía después pero es que uno no es de piedra y cruzar los barrios de Nueva York emociona y hace que vayas más rápido de lo deseable.

Y la carrera no ha ido mal. Tenía dos objetivos, el más ambicioso como he dicho antes bajar de 3:40, el obligatorio bajar el tiempo de la maratón de Nueva York. ¿El resultado? Algo intermedio, he mejorado lo que en maratón es una eternidad. He parado el reloj en un tiempo neto de 3:46:11 y la verdad es que, aunque al principio he llegado poco satisfecho ahora estoy encantado.

En los días previos a la carrera he hecho todo lo que dicen los entendidos que hay que hacer. Comer muy pronto, llenarme de hidratos los días anteriores, beber mucha agua, tomar mucha pasta, correr poquito…

La carrera empezaba a las 9 de la mañana, íbamos cuatro personas juntas pero yo iba a correr solo. Y si no pones los medios correr solo es durete. Madrid es un recorrido complicado especialmente al final porque los últimos siete kilómetros son de subida. Y cualquier maratón es difícil psicológicamente, no por nada, es que son muchos kilómetros…

El primer trozo fue fácil, es de ligera subida pero uno va muy contento, la Castellana es bonita y a pesar de hacer alguna variación extraña en una línea recta, es ese primer trozo en el que no vas pensando en todo lo que te falta por delante. Al llegar al kilómetro cinco un tío muy salao se ocupó de recordarnos a todos los que estábamos alrededor que ¡solo quedaban 37 por delante! 🙂

Y hablo del kilómetro cinco porque para mi una maratón hay que hacerla pensando en pequeños objetivos, que en mi caso fueron de cinco kilómetros. Cada cinco kilómetros tienes una carrera y no piensas en los que te quedan hasta los 42, es paso a paso y si te empeñas puedes hacer de cada kilómetro una batalla, que 42 batallas se hacen más cortas que una guerra.

En el kilómetro ocho primer punto cariñoso. Mi mujer y varios amigos nos fueron a animar, a ese y a varios puntos del recorrido, lo que por supuesto ayuda mucho. Este es el momento de volver a dar las gracias a mi chica, que en esos cientos de kilómetros de entrenamiento ha estado siempre ahí, en alguno incluso hemos corrido juntos, y ha sido la que ha estado en la sombra para que ayer pudiera correr.

Los kilómetros pasaban con ausencia de fruta ¡cómo la eché de menos!, buscando los globos de los guías ¡salieron todos a la vez y no conseguí pasar más que a los de 4:15!, con poca música y con poca animación. No es por ser vinagre pero estas han sido las únicas cosas no tan positivas de la maratón. Acostumbrado a la última maratón en el que no hay un momento sin gente animando que hasta regalan fruta, sin grupos de música improvisados, sin muchos muchos guías esta se me ha hecho rara.

La Casa de Campo como la otra vez fue larga y se acercaba el muro. El muro es ese punto en el que muchos marathonianos nos quedamos sin reservas y de alguna manera terminas tirando de lo que no hay. Está en un punto indefinido entre el kilómetro treinta y treinta y cinco y es el ogro de los maratones, no siempre llega pero su sombra siempre está. Al salir de la Casa de Campo que es ya el kilómetro treinta y dos me esperaba mi cuñado para acompañarme en esos últimos diez kilómetros que por primera vez no se me han hecho infernales, por primera vez no me choqué contra el muro. Y es que como dije antes Madrid es hacia arriba desde el kilómetro treinta y cinco y los últimos pican hasta llegar a El Retiro.

La llegada maravillosa, se me vuelve a poner la piel de gallina, he apretado al final lo que podía y como he dicho antes he llegado en un tiempo neto de 3:46:11 lo que en bruto es 3:52:09 (hemos salido con seis minutos de retraso por la mucha gente que corría). Al entrar mucho disfrutar, por supuesto cansado, y no me ha pasado lo que la última vez que pensé que nunca más correría una maratón… Ya estoy buscando la manera de conseguir dorsal para repetir Nueva York el próximo 6 de noviembre. ¿te vienes? Y es que esto de correr y de las maratones engancha, mucho.

Hay esperanza pero hay que lucharlo

Dos cosas, cortas en cuanto a mi aportación, relacionadas.

La primera me lleva a la segunda. Hoy he visto un vídeo y que ahonda en mi teoría, compartida con muchos, de que hay esperanza y que para ello hay que pelear. No voy a entrar en si es cierto o no, si es un extremismo y si no todos los funcionarios son o no así. Si la figura de la emprendedora (deformación que le doy yo porque no tiene por qué serlo) es un poco exagerada. Para mi lo importante es la actitud de ella, por supuesto novelada, y como digo quizá exagerada ante las barreras que recibe. No hay más moralejas por mi parte, con ver el vídeo sobra.

La segunda parte es igual de fácil y llego a ella por lo que siempre me ha gustado la figura de Churchill y por hilarlo con la chica y el famoso discurso, quizá el más famoso, del primer ministro inglés. El 4 de junio de 1940, en un mundo envuelto en la Segunda Guerra Mundial un recién nombrado primer ministro de un país salvajemente golpeado por la guerra y por los bombarderos alemanes regaló al mundo lo que muchos conocen como “We shall fight on the beaches” o “Blood, toil, tears, and sweat

Imagínate, aunque cueste y aunque repita parte de lo dicho antes. Llegas a primer ministro de un país arrasado por las bombas, no hace ni un mes que acaba de dimitir Neville Chamberlain, y te plantas el discurso que enfervoriza a tu país y que consigue ser recordado hoy mismo. A mi se me pone la piel de gallina…

Antes de dejarte con el discurso y animarte a pasar un buen día una recomendación: Si no has leído nada de Churchill no dejes de hacerlo. Quizá en esto soy muy raro pero para mi hay varios libros que son para leer varias veces en la vida. Uno de ellos es el ¡No nos rendiremos jamás! que no es otro que un recopilatorio de los mejores discursos del famoso Primer Ministro inglés, otro, quizá más profundo y muy muy grande es la biografía de este escrita por Roy Jenkins.

Que pases un buen día, que pelees y que disfrutes el discurso como lo hago yo (por si no lo quieres leer un vídeo más corto)

From the moment that the French defenses at Sedan and on the Meuse were broken at the end of the second week of May, only a rapid retreat to Amiens and the south could have saved the British and French Armies who had entered Belgium at the appeal of the Belgian King; but this strategic fact was not immediately realized. The French High Command hoped they would be able to close the gap, and the Armies of the north were under their orders. Moreover, a retirement of this kind would have involved almost certainly the destruction of the fine Belgian Army of over 20 divisions and the abandonment of the whole of Belgium. Therefore, when the force and scope of the German penetration were realized and when a new French Generalissimo, General Weygand, assumed command in place of General Gamelin, an effort was made by the French and British Armies in Belgium to keep on holding the right hand of the Belgians and to give their own right hand to a newly created French Army which was to have advanced across the Somme in great strength to grasp it.

However, the German eruption swept like a sharp scythe around the right and rear of the Armies of the north. Eight or nine armored divisions, each of about four hundred armored vehicles of different kinds, but carefully assorted to be complementary and divisible into small self-contained units, cut off all communications between us and the main French Armies. It severed our own communications for food and ammunition, which ran first to Amiens and afterwards through Abbeville, and it shore its way up the coast to Boulogne and Calais, and almost to Dunkirk. Behind this armored and mechanized onslaught came a number of German divisions in lorries, and behind them again there plodded comparatively slowly the dull brute mass of the ordinary German Army and German people, always so ready to be led to the trampling down in other lands of liberties and comforts which they have never known in their own.

I have said this armored scythe-stroke almost reached Dunkirk-almost but not quite. Boulogne and Calais were the scenes of desperate fighting. The Guards defended Boulogne for a while and were then withdrawn by orders from this country. The Rifle Brigade, the 60th Rifles, and the Queen Victoria’s Rifles, with a battalion of British tanks and 1,000 Frenchmen, in all about four thousand strong, defended Calais to the last. The British Brigadier was given an hour to surrender. He spurned the offer, and four days of intense street fighting passed before silence reigned over Calais, which marked the end of a memorable resistance. Only 30 unwounded survivors were brought off by the Navy, and we do not know the fate of their comrades. Their sacrifice, however, was not in vain. At least two armored divisions, which otherwise would have been turned against the British Expeditionary Force, had to be sent to overcome them. They have added another page to the glories of the light divisions, and the time gained enabled the Graveline water lines to be flooded and to be held by the French troops.

Thus it was that the port of Dunkirk was kept open. When it was found impossible for the Armies of the north to reopen their communications to Amiens with the main French Armies, only one choice remained. It seemed, indeed, forlorn. The Belgian, British and French Armies were almost surrounded. Their sole line of retreat was to a single port and to its neighboring beaches. They were pressed on every side by heavy attacks and far outnumbered in the air.

When, a week ago today, I asked the House to fix this afternoon as the occasion for a statement, I feared it would be my hard lot to announce the greatest military disaster in our long history. I thought-and some good judges agreed with me-that perhaps 20,000 or 30,000 men might be re-embarked. But it certainly seemed that the whole of the French First Army and the whole of the British Expeditionary Force north of the Amiens-Abbeville gap would be broken up in the open field or else would have to capitulate for lack of food and ammunition. These were the hard and heavy tidings for which I called upon the House and the nation to prepare themselves a week ago. The whole root and core and brain of the British Army, on which and around which we were to build, and are to build, the great British Armies in the later years of the war, seemed about to perish upon the field or to be led into an ignominious and starving captivity.

That was the prospect a week ago. But another blow which might well have proved final was yet to fall upon us. The King of the Belgians had called upon us to come to his aid. Had not this Ruler and his Government severed themselves from the Allies, who rescued their country from extinction in the late war, and had they not sought refuge in what was proved to be a fatal neutrality, the French and British Armies might well at the outset have saved not only Belgium but perhaps even Poland. Yet at the last moment, when Belgium was already invaded, King Leopold called upon us to come to his aid, and even at the last moment we came. He and his brave, efficient Army, nearly half a million strong, guarded our left flank and thus kept open our only line of retreat to the sea. Suddenly, without prior consultation, with the least possible notice, without the advice of his Ministers and upon his own personal act, he sent a plenipotentiary to the German Command, surrendered his Army, and exposed our whole flank and means of retreat.

I asked the House a week ago to suspend its judgment because the facts were not clear, but I do not feel that any reason now exists why we should not form our own opinions upon this pitiful episode. The surrender of the Belgian Army compelled the British at the shortest notice to cover a flank to the sea more than 30 miles in length. Otherwise all would have been cut off, and all would have shared the fate to which King Leopold had condemned the finest Army his country had ever formed. So in doing this and in exposing this flank, as anyone who followed the operations on the map will see, contact was lost between the British and two out of the three corps forming the First French Army, who were still farther from the coast than we were, and it seemed impossible that any large number of Allied troops could reach the coast.

The enemy attacked on all sides with great strength and fierceness, and their main power, the power of their far more numerous Air Force, was thrown into the battle or else concentrated upon Dunkirk and the beaches. Pressing in upon the narrow exit, both from the east and from the west, the enemy began to fire with cannon upon the beaches by which alone the shipping could approach or depart. They sowed magnetic mines in the channels and seas; they sent repeated waves of hostile aircraft, sometimes more than a hundred strong in one formation, to cast their bombs upon the single pier that remained, and upon the sand dunes upon which the troops had their eyes for shelter. Their U-boats, one of which was sunk, and their motor launches took their toll of the vast traffic which now began. For four or five days an intense struggle reigned. All their armored divisions-or what Was left of them-together with great masses of infantry and artillery, hurled themselves in vain upon the ever-narrowing, ever-contracting appendix within which the British and French Armies fought.

Meanwhile, the Royal Navy, with the willing help of countless merchant seamen, strained every nerve to embark the British and Allied troops; 220 light warships and 650 other vessels were engaged. They had to operate upon the difficult coast, often in adverse weather, under an almost ceaseless hail of bombs and an increasing concentration of artillery fire. Nor were the seas, as I have said, themselves free from mines and torpedoes. It was in conditions such as these that our men carried on, with little or no rest, for days and nights on end, making trip after trip across the dangerous waters, bringing with them always men whom they had rescued. The numbers they have brought back are the measure of their devotion and their courage. The hospital ships, which brought off many thousands of British and French wounded, being so plainly marked were a special target for Nazi bombs; but the men and women on board them never faltered in their duty.

Meanwhile, the Royal Air Force, which had already been intervening in the battle, so far as its range would allow, from home bases, now used part of its main metropolitan fighter strength, and struck at the German bombers and at the fighters which in large numbers protected them. This struggle was protracted and fierce. Suddenly the scene has cleared, the crash and thunder has for the moment-but only for the moment-died away. A miracle of deliverance, achieved by valor, by perseverance, by perfect discipline, by faultless service, by resource, by skill, by unconquerable fidelity, is manifest to us all. The enemy was hurled back by the retreating British and French troops. He was so roughly handled that he did not hurry their departure seriously. The Royal Air Force engaged the main strength of the German Air Force, and inflicted upon them losses of at least four to one; and the Navy, using nearly 1,000 ships of all kinds, carried over 335,000 men, French and British, out of the jaws of death and shame, to their native land and to the tasks which lie immediately ahead. We must be very careful not to assign to this deliverance the attributes of a victory. Wars are not won by evacuations. But there was a victory inside this deliverance, which should be noted. It was gained by the Air Force. Many of our soldiers coming back have not seen the Air Force at work; they saw only the bombers which escaped its protective attack. They underrate its achievements. I have heard much talk of this; that is why I go out of my way to say this. I will tell you about it.

This was a great trial of strength between the British and German Air Forces. Can you conceive a greater objective for the Germans in the air than to make evacuation from these beaches impossible, and to sink all these ships which were displayed, almost to the extent of thousands? Could there have been an objective of greater military importance and significance for the whole purpose of the war than this? They tried hard, and they were beaten back; they were frustrated in their task. We got the Army away; and they have paid fourfold for any losses which they have inflicted. Very large formations of German aeroplanes-and we know that they are a very brave race-have turned on several occasions from the attack of one-quarter of their number of the Royal Air Force, and have dispersed in different directions. Twelve aeroplanes have been hunted by two. One aeroplane was driven into the water and cast away by the mere charge of a British aeroplane, which had no more ammunition. All of our types-the Hurricane, the Spitfire and the new Defiant-and all our pilots have been vindicated as superior to what they have at present to face.

When we consider how much greater would be our advantage in defending the air above this Island against an overseas attack, I must say that I find in these facts a sure basis upon which practical and reassuring thoughts may rest. I will pay my tribute to these young airmen. The great French Army was very largely, for the time being, cast back and disturbed by the onrush of a few thousands of armored vehicles. May it not also be that the cause of civilization itself will be defended by the skill and devotion of a few thousand airmen? There never has been, I suppose, in all the world, in all the history of war, such an opportunity for youth. The Knights of the Round Table, the Crusaders, all fall back into the past-not only distant but prosaic; these young men, going forth every morn to guard their native land and all that we stand for, holding in their hands these instruments of colossal and shattering power, of whom it may be said that Every morn brought forth a noble chance And every chance brought forth a noble knight, deserve our gratitude, as do all the brave men who, in so many ways and on so many occasions, are ready, and continue ready to give life and all for their native land.

I return to the Army. In the long series of very fierce battles, now on this front, now on that, fighting on three fronts at once, battles fought by two or three divisions against an equal or somewhat larger number of the enemy, and fought fiercely on some of the old grounds that so many of us knew so well-in these battles our losses in men have exceeded 30,000 killed, wounded and missing. I take occasion to express the sympathy of the House to all who have suffered bereavement or who are still anxious. The President of the Board of Trade [Sir Andrew Duncan] is not here today. His son has been killed, and many in the House have felt the pangs of affliction in the sharpest form. But I will say this about the missing: We have had a large number of wounded come home safely to this country, but I would say about the missing that there may be very many reported missing who will come back home, some day, in one way or another. In the confusion of this fight it is inevitable that many have been left in positions where honor required no further resistance from them.

Against this loss of over 30,000 men, we can set a far heavier loss certainly inflicted upon the enemy. But our losses in material are enormous. We have perhaps lost one-third of the men we lost in the opening days of the battle of 21st March, 1918, but we have lost nearly as many guns — nearly one thousand-and all our transport, all the armored vehicles that were with the Army in the north. This loss will impose a further delay on the expansion of our military strength. That expansion had not been proceeding as far as we had hoped. The best of all we had to give had gone to the British Expeditionary Force, and although they had not the numbers of tanks and some articles of equipment which were desirable, they were a very well and finely equipped Army. They had the first-fruits of all that our industry had to give, and that is gone. And now here is this further delay. How long it will be, how long it will last, depends upon the exertions which we make in this Island. An effort the like of which has never been seen in our records is now being made. Work is proceeding everywhere, night and day, Sundays and week days. Capital and Labor have cast aside their interests, rights, and customs and put them into the common stock. Already the flow of munitions has leaped forward. There is no reason why we should not in a few months overtake the sudden and serious loss that has come upon us, without retarding the development of our general program.

Nevertheless, our thankfulness at the escape of our Army and so many men, whose loved ones have passed through an agonizing week, must not blind us to the fact that what has happened in France and Belgium is a colossal military disaster. The French Army has been weakened, the Belgian Army has been lost, a large part of those fortified lines upon which so much faith had been reposed is gone, many valuable mining districts and factories have passed into the enemy’s possession, the whole of the Channel ports are in his hands, with all the tragic consequences that follow from that, and we must expect another blow to be struck almost immediately at us or at France. We are told that Herr Hitler has a plan for invading the British Isles. This has often been thought of before. When Napoleon lay at Boulogne for a year with his flat-bottomed boats and his Grand Army, he was told by someone. “There are bitter weeds in England.” There are certainly a great many more of them since the British Expeditionary Force returned.

The whole question of home defense against invasion is, of course, powerfully affected by the fact that we have for the time being in this Island incomparably more powerful military forces than we have ever had at any moment in this war or the last. But this will not continue. We shall not be content with a defensive war. We have our duty to our Ally. We have to reconstitute and build up the British Expeditionary Force once again, under its gallant Commander-in-Chief, Lord Gort. All this is in train; but in the interval we must put our defenses in this Island into such a high state of organization that the fewest possible numbers will be required to give effective security and that the largest possible potential of offensive effort may be realized. On this we are now engaged. It will be very convenient, if it be the desire of the House, to enter upon this subject in a secret Session. Not that the government would necessarily be able to reveal in very great detail military secrets, but we like to have our discussions free, without the restraint imposed by the fact that they will be read the next day by the enemy; and the Government would benefit by views freely expressed in all parts of the House by Members with their knowledge of so many different parts of the country. I understand that some request is to be made upon this subject, which will be readily acceded to by His Majesty’s Government.

We have found it necessary to take measures of increasing stringency, not only against enemy aliens and suspicious characters of other nationalities, but also against British subjects who may become a danger or a nuisance should the war be transported to the United Kingdom. I know there are a great many people affected by the orders which we have made who are the passionate enemies of Nazi Germany. I am very sorry for them, but we cannot, at the present time and under the present stress, draw all the distinctions which we should like to do. If parachute landings were attempted and fierce fighting attendant upon them followed, these unfortunate people would be far better out of the way, for their own sakes as well as for ours. There is, however, another class, for which I feel not the slightest sympathy. Parliament has given us the powers to put down Fifth Column activities with a strong hand, and we shall use those powers subject to the supervision and correction of the House, without the slightest hesitation until we are satisfied, and more than satisfied, that this malignancy in our midst has been effectively stamped out.

Turning once again, and this time more generally, to the question of invasion, I would observe that there has never been a period in all these long centuries of which we boast when an absolute guarantee against invasion, still less against serious raids, could have been given to our people. In the days of Napoleon the same wind which would have carried his transports across the Channel might have driven away the blockading fleet. There was always the chance, and it is that chance which has excited and befooled the imaginations of many Continental tyrants. Many are the tales that are told. We are assured that novel methods will be adopted, and when we see the originality of malice, the ingenuity of aggression, which our enemy displays, we may certainly prepare ourselves for every kind of novel stratagem and every kind of brutal and treacherous maneuver. I think that no idea is so outlandish that it should not be considered and viewed with a searching, but at the same time, I hope, with a steady eye. We must never forget the solid assurances of sea power and those which belong to air power if it can be locally exercised.

I have, myself, full confidence that if all do their duty, if nothing is neglected, and if the best arrangements are made, as they are being made, we shall prove ourselves once again able to defend our Island home, to ride out the storm of war, and to outlive the menace of tyranny, if necessary for years, if necessary alone. At any rate, that is what we are going to try to do. That is the resolve of His Majesty’s Government-every man of them. That is the will of Parliament and the nation. The British Empire and the French Republic, linked together in their cause and in their need, will defend to the death their native soil, aiding each other like good comrades to the utmost of their strength. Even though large tracts of Europe and many old and famous States have fallen or may fall into the grip of the Gestapo and all the odious apparatus of Nazi rule, we shall not flag or fail. We shall go on to the end, we shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our Island, whatever the cost may be, we shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender, and even if, which I do not for a moment believe, this Island or a large part of it were subjugated and starving, then our Empire beyond the seas, armed and guarded by the British Fleet, would carry on the struggle, until, in God’s good time, the New World, with all its power and might, steps forth to the rescue and the liberation of the old.

Educación práctica, un caso de éxito

El pasado miércoles 23 Enrique Dans me dio la oportunidad de participar como ponente en lo que dentro del Instituto de Empresa se denomina IE Tech Startup. Se trata de un electivo que Enrique ha desarrollado dirigido a los alumnos del International MBA y que titula “Managing the tech startup”.

La idea del curso es basicamente que sea práctico. Que alumnos internacionales (veintidós nacionalidades en concreto) escuchen la experiencia emprendedora de emprendedores que Enrique invita para charlar sobre un tema en concreto. Cada encuentro tiene carácter bidireccional y en cada uno Enrique anima a los alumnos a que compartan sus experiencias en sus blogs y que lo hagan también vía Twitter y demás medios sociales. Como muchos de ellos están empezando a emprender el valor de escuchar experiencias de primera mano enriquece inmensamente a quien está empezando (y por supuesto al que como yo le toca estar en la pizarra).

La experiencia fue magnífica y, como en muchas cosas, me sentí pequeño al lado de otros ponentes que participan o participarán otros días. Hasta lo que Enrique ha publicado han pasado o van a pasar por la clase Julio Alonso (fundador de Weblogs SL), Jorge Mata, Jesús Encinar (Idealista, 11870) Bernardo Hernández (Tuenti, Stepone), Gabriel Aldámiz-Echavarria (Chicisimo)…

Al terminar la clase me quedé con sabor dulce pero también con algo de amargor. La parte dulce es obviamente la propia experiencia, y eso que fue en inglés que cada día voy perdiendo. Lo obvio y lo dulce, aunque no por ello quiero dejar de volver a transmitirlo, es valorar la labor de Enrique y del Instituto de Empresa que cada día demuestran por qué están donde están. Lo no tan obvio y un poco amargo es tratar de pensar qué tiene que cambiar para que en los colegios y en las universidades españolas consigamos estar a la altura de nuestras escuelas de negocio que por algo están a la vanguardia de muchas clasificaciones mundiales.

¿Es que no nos damos cuenta que quizá el mayor problema nacional es un problema de fondo de educación hacia abajo? ¿Es que no vemos que tenemos que fomentar un sistema educativo distinto que prime la practicidad y no tanto el empollar por empollar? Entiendo que el “empollar” aporta algo más que aprender cosas de memoria, es una disciplina para hacer las cosas pero ¿dónde está la práctica de la Universidad? Y lo que llaman práctica ¿lo es de verdad?

Desde pequeño he valorado, porque me lo han inculcado, el esfuerzo y el que las cosas se ganan por algo y de las pocas cosas (métodos) lectivas que me acuerdo de colegio (Jesuítas) y universidad (CEU) es de empollar, poco de vida práctica. Queremos montar una sociedad con valores desde unos colegios y unas universidades en los que para mi ya no prima el esfuerzo y donde cada vez es más fácil aprobar y donde el pobre profesorado, que es machacado hasta físicamente, enseña mucha teoría y poca práctica.

Lo malo es que esto es culpa de nosotros como sociedad representada en unos políticos fuera de juego con unos intereses propios y que no piensan en futuro sino en como mucho largo plazo de legislatura. Ni que decir que esos políticos poca necesidad verán de estudiar y de que la educación sea práctica cuando muchos de ellos no han estudiado nada aparte del colegio y su único bagaje profesional es el político y no el empresarial.

¿Tú que piensas? ¿Hay salida? Yo creo que si pero hay que remar ¡mucho!

¿Qué es para ti triunfar? ¿Qué quieres de la vida?

¿Para qué quieres ser emprendedor? ¿Quieres ser Mark Zuckerberg? ¿Y quieres serlo por crear un Facebook o por la vida de su fundador? ¿Qué quieres de la vida? Son preguntas que supongo que mucha gente se hace cada día porque más allá de la moda, necesidad, estilo de vida o como le llamemos al ser emprendedor debería ser el medio para llegar a un fin. ¿no? ¿O es que el propio fin es emprender y no hay nada más en la vida?

Como voy a usar el ejemplo de Facebook y de su fundador empiezo diciendo lo que no hace falta: Facebook para mi es una historia alucinante que ha cambiado en muchas cosas el mundo y las maneras de relacionarse y que no hay caso similar de éxito por ahora con su corta edad. Con eso un monumento a su fundador Mark Zuckerberg, a su empresa y a su manera de cambiar el mundo con un sueño.

Hablar de Mark Zuckerberg y de Facebook es mucho más fácil desde que salió “La Red Social” que no es otra cosa que la historia, por supuesto inconclusa de esa breve pero fulgurante historia. Cuando vi la película me encantó, cada papel tenía su aquel, se representaban muchos arquetipos de la sociedad, la entendía cualquier persona que no estuviera cerca del mundo de Internet, lo tenía todo… Pero ver al personaje de Mark Zuckerbeg te da para pensar un ratito. Y es que vi a una persona que no es persona sino que es un currante de sol a sol con una vida personal tan corta que no le permite ni saber hablar con una chica.

Si seguimos buscando referencias del bueno de Mark es fácil ir a la página de la Wikipedia que no hace ninguna referencia personal a lo que no es rabajo. Podríamos decir que es lógico porque tiene veintiséis años y porque la Wikipedia no suele saber nada de su vida personal pero ¿es por eso o es porque no hay nada más que Mark el fundador de Facebook?

Ahora vendrán los que dicen que el tío ya tiene capacidad de lo que sea con el dinero que tiene y que si ahora vendiera se podría dedicar a lo que quisiera. Yo no lo creo. Cuando no tienes más amigos que los millones de amigos que dice tu perfil de Facebook y tu vida se para cuando se cierra la oficina tienes un problema. Y tienes un problema porque aunque el dinero te de supuestamente amigos no te da los amigos de siempre y quizá ya sea tarde para recuperarlos.

En el caso de Mark hablo de amigos y no de familia porque puede que no haya lugar, porque no le ha dado tiempo a crearla pero ¿hablaba de sus padres o de sus hermanos la película o la Wikipedia?, porque existir existen, ¿no?

Me da la sensación de que de tanto ver casos de éxito no nos damos cuenta que vida solo hay una y que el riesgo de perderla por tu proyecto es muy muy alto. Cierto es que montar tu propia empresa requiere mucho esfuerzo pero para mi lo ideal es que sea en un plazo de tu vida determinado y sin llevarte por delante todo lo demás. Cierto es que no hay que comparar nada y que cada persona es un mundo pero oye, que hay que tener cuidado.

Al invertir en proyectos de otros te da una mayor visibilidad de saber de las vidas de la gente. Siempre quiero saber a qué “se dedican” en su vida personal mis socios y me parece clave verlo. Me gusta hablar con ellos de su casa, de qué dice su pareja de esto del emprendimiento, de qué hacen los fines de semana, de si cortan, de si duermen, de si ven la tele, de…

Y es que pienso mucho en qué se recordará de Iñaki Arrola cuando pase el tiempo, cuando yo no esté por aquí y  me haya ido al cielo. ¿Se me recordará por mi proyecto de coches? Estoy seguro que no. Mi mujer, mis hijos y la gente que tuve alrededor me recordarán por otra cosas, espero que buenas, pero nunca por mi trabajo. Con lo que hasta aquí he llegado, si te sirve una recomendación te la regalo: Trabaja como un condenado pero que esa condena no te haga descuidar ese día a día que será por el que te recuerden los tuyos cuando ya no estés.

Hale, que tengas buen día, me voy a jugar con los niños 🙂