Detalles…

Maraton

Para correr una maratón hace falta cuidar los detalles. Muchas semanas de entrenamiento, de frío, de madrugones. Muchas series, muchas cuestas, y esta vez pocas tiradas largas. Una semana pensando que iba a llover, una semana de cálculos para que no te llegue el muro, para batir tu mejor tiempo. Detalles, muchísimos detalles…

El día del maratón de Madrid es perfecto para correr, perfecto si vas bien. Cada kilómetro es una guerra, cada avituallamiento, cada cosa pesa, cada detalle puede ser crucial. Y todo va saliendo perfecto hasta que en el kilómetro treinta y cuatro las piernas de repente no van, el corazón no tiene problemas pero es como si no fueran tus piernas, como si te las hubieran robado.

Y te cabreas al llegar, cuando llegas mareado después de ocho kilómetros infernales. Has hecho 3:43 cuando en 2012 hiciste 3:38 casi sin entrenar. Pero esto es así. Filípides y su muro te cazan cuando menos te lo esperas. Porque no es un tema de entrenamientos sino casi de suerte, de algo que ha fallado, de un detalle ¿quizá la suerte?. Hoy ha tocado, hoy te quedarás muy lejos de tu mejor tiempo y aunque habrá más ocasiones oye, has entrenado mucho y te j… que justo te toque cuando estabas más fino, cuando habías batido por mucho tu récord de media maratón. Cuando cada cosa estaba medida hasta la extenuación.

Y aunque estás agradecido de que te hayan ido a ver tus tres hijos y tu mujer, aunque hayan pasado por tres sitios del recorrido sólo por verte unos segundos, te sigue quedando mal recuerdo porque algo ha fallado.

Y llega la tarde y mi mujer me cuenta que un chico muy majo hacía fotos en Ferraz, en el segundo sitio donde me fueron a ver. Y como mi hijo mediano chocaba con muchos corredores le hizo un montón de fotos. Y como su madre aplaudía especialmente cuando pasó uno de rojo le ofreció pasarle por mail aquellas fotos en las que salían. El hijo, la madre y el padre.

Y cuando te llega la foto te das cuenta que ese era el único detalle que importaba de la maratón. Esa mirada, esa palmada. Gracias Myriam, gracias Arturo, gracias Jon.

Así va el país…

Tapados

En un taxi. Me dice el taxista que si me hace la factura por un importe mayor para poder meterla en la empresa y nos repartimos la diferencia. Así va el país…

Algo así era un tweet que leí el otro día. Tenía por entonces unos 600 retuits lo que, si no estás acostumbrado a Twitter, mayoritariamente representa gente que lo reenvía porque está de acuerdo. Y nadie la había preguntado, creo recordar que era un cantante famoso el que lo escribía, que por qué no le había dicho al taxista que le parecía mal y que esas cosas no las veía.

Porque es más fácil decir que el país está muy mal que afrontar que solo dando ejemplo y haciendo contra a lo que creamos que está mal cambiaremos esto. Es muy fácil poner un tweet y ser súper revolucionario que decirle al taxista que te parece fatal.

La corrupción, menudo problemón.  Que si Bárcenas, que si la Junta de Andalucía, Urdangarín… Claro, es que estamos en un país en el que todos los corruptos son malísimos y los de abajo somos buenísimos.

Pues no, tu tienes culpa de esto por hacer o por callar. Como yo. Los políticos que tenemos son la representación de país que tenemos. Y esto, aunque suene naíf, sólo lo cambiamos entre todos, desde abajo.  ¿vas a seguir solo haciendo retuits?

Yo paso.

Actualización 10/3/13: No me acordaba del tweet pero lo he encontrado de casualidad. Julián López. Actor y músico. 236.632 seguidores. 464 retweets, 57 favoritos. Sólo yo le pregunté…

Las personas y los proyectos. Wayra y Rodrigo Rato. Elijo muerte

Trinchera

Ayer, viernes por la tarde previo a un fin de semana de Reyes Magos en España aparecía la noticia del fichaje por Telefónica de Rodrigo Rato como consejero asesor de Latinoamérica y Europa. Premeditación, nocturnidad invernal y alevosía.

Estoy seguro que no hace falta que escriba sobre este señor si es que se le pueder tildar así. Solo recordar que según Business Week está en el Top 5 de los peores directivos del mundo y que está encausado por lindezas como fraude, fijación de precios y malversación de fondos tras su rutilante paso por Bankia.

Mi reacción fue rápida. Por un lado dije que en este país en vez de premiarte con un trabajo en Alcalá Meco se te premia con uno en Telefónica, por otro dije que donde están todos los que se metían con Rato por lo de Bankia pero ahora no decían nada por el fichaje de Telefónica y por otro escribí a Gonzalo Martín Villa para decirle que prefería que no me llamaran más de Wayra, una increíble iniciativa de Telefónica en favor de la creación de empresas de base tecnológica en muchos sitios del mundo y que está siendo clave en el ecosistema español de startups.

Señalé mil veces que el grandísimo trabajo de José María Álvarez Pallete, Carlos Domingo, Javier Santiso, del propio Gonzalo y muchos más se lo estaba destrozando Alierta en segundos con el fichaje estrella y que era una pena, tantos años de trabajo para que una decisión corporativa tirara abajo tanto sudor y tanto luchar desde dentro. Y ojo que la decisión corporativa seguro que está meditadísima y es eso, una decisión de una compañía pero mi problema era, y es, de concepto. Si Telefónica apoya Wayra es porque entiende que hay que apoyar a los emprendedores y que desde ahí abajo se regenera el sistema y eso casca con el fichaje del imputado Rodrigo, con “el otro modelo”.

Pero he reflexionado, me he escrito con mucha gente a favor y en contra y he elegido muerte: cambio de opinión y me quedo en Wayra mientras quien me ha llevado siga ahí. Me explico…

Cuando me llamaron la primera vez para ser mentor en Wayra y me contaron de qué iba me pareció que tenía que ser mentira. Una gran corporación como Telefónica tenía que tener intereses ocultos y no el mero hecho de apoyar ecosistemas emprendedores. Wayra al principio me sonaba a hueco. El problema es que todavía no conocía a José María y a Javier y empezaba a conocer a Gonzalo. Con Carlos ya era más tiempo, socios en empresas y muchas discusiones futbolísticas. Y el tiempo, ver su trabajo, y conocer a los cuatro me hizo creerme Wayra, por ellos como personas y no por Telefónica como corporación.

Y hoy, a pesar de mi reacción inicial, me tengo que quedar con las personas, con Wayra, no contra las corporaciones. Wayra intenta cambiar las cosas desde dentro y es una startup que necesita ayuda y en la que como en toda startup seguimos a sus líderes. Si ellos se quedan y luchan desde dentro yo me quedo, si ellos dimiten me iré a ayudarles en esto si me invitan. No voy a defender a Telefónica porque es imposible, es asqueroso. Pero Wayra es una maravilla y sus creadores se merecen esta defensa por lo bien que se está haciendo. Si no me voy de España ni me borro como madrileño a pesar de nuestra Botella, no voy a dejar de apoyar a Wayra.

Me quedo en la trinchera. Honor, lealtad, disciplina y compañerismo. Ahora dispararme, estoy dispuesto.

Adiós Facebook

Nos dedicamos a economizar muchas cosas de nuestra vida y creo que muchas veces no nos damos cuenta del uso que le damos a las redes sociales y el tiempo que empleamos cada día y como es verano pues eso, uno piensa cosas raras… Pensaba que Facebook no me aporta casi nada y me hace perder el tiempo más de lo que puedo ganar y como soy así, acción reacción pues eso, cierro la cuenta de Facebook.

Pero… ¿No me parece una gran empresa? ¿No es una gran herramienta? Al contrario, me parece un proyecto alucinante alucinante construido en un tiempo récord y que ha conseguido dar ejemplo a muchos emprendedores en el mundo. Repito mucho una frase y es que la película “La Red Social” y la muerte de Steve Jobs han hecho muchísimo más por los emprendedores en todo el mundo que muchas iniciativas de gobiernos y escuelas de negocio.

Siendo una gran herramienta cierto es que puede haber influido que mi uso de Facebook no creo que haya sido muy normal. No me gusta compartir mi vida con todo el mundo y todo lo que mostraba era de perfil profesional, de coches o de proyectos en los que pueda estar metido. ¿Quizá haya sido un uso incorrecto el detonante?

Al final uno echa cuentas y ve lo que gana y lo que pierde y es fácil decidir. ¿Qué gano en Facebook? Sin duda haber encontrado a gente que quizá no habría encontrado o de la que no hubiera sabido de su vida. ¿y qué pierdo? Tiempo, sin duda tiempo y saber detalles de la gente que no me interesan, demasiado detalle muchas veces…

Dejaré el post unos días linkado desde mi perfil de Facebook y con una reverencia… Bye Mark!

Una delaración de intenciones

Sigo cañero, sigo limón. Hoy va de cosas claras, hoy va de acción.

Y es que sigo viendo mucho desánimo, mucho “con la que está cayendo” y creo que hay que trabajar y animarse. Creo que con mucho esfuerzo, una sonrisa y una “actitud zen” todo cambia pero creo que desgraciadamente en este país no basta con esto, se necesita algo más.

Porque esta España que a muchos nos duele es una España acostumbrada, acostumbrada a que corra el vino, a que la noche sea larga y sea VISA quien corre con la fiesta. Y cuando VISA y quien nos ha dejado el dinero lo piden de vuelta pues oye, que qué injusticia, que los mercados nos atacan, que por qué, que si somos serios, ya, ya… Vamos allá.

¿Y qué nos falta?

Lo primero una declaración de intenciones, lo segundo, vendrá otro día pero va de ir contra quien hace las cosas mal, hasta el extremo. Que nos den a todos con el palo cuando nos equivocamos y que cada uno de nosotros podamos hacer algo cuando lo veamos, pero eso como digo viene otro día.

Hoy me separo del callarme y sólo dar ejemplo, hoy me rebelo levantando la voz. Hoy me uno a gente como Alberto Artero y a su tan actual “Españoles, rebelión o hundimiento, ustedes eligen” y a David Bonilla y su hashtag #weareatwar y a su declaración de intenciones. También estoy seguro que seré un empujón más para mucha gente que piensa lo mismo que yo. Que tenemos mucho que decir juntos y que ya vale de solo callar y dar ejemplo.

Y como va de declaración de intenciones voy a enumerar muchas cosas en favor de las que estoy y otras contra las que voy a luchar. Ni que decir que no están todas, que no están en orden de importancia y que seguro que hay algunas puntualizables. Si quieres añades, modificas y puntualizas pero empuja en la misma dirección, no vayas en contra, que una coma no sea lo importante, que sea el fondo y no la forma lo que te empuje. Este país aunque no te lo creas te necesita y tu necesitas a este país aunque te duela.

Así a borbotones se me ocurren muchas cosas que quiero…

  • Quiero trabajar, quiero que los lunes sean lunes y que no pase nada. Quiero esforzarme y dar ese ejemplo. Que mis hijos vean lo que yo he visto con mis padres, que la felicidad puede estar también en esto y que no pase nada, que sea un orgullo.
  • Quiero disfrutar, quiero hacerlo con una sonrisa, quiero transmitir alegría a mi alrededor. Quiero que me salgan las cosas bien o mal pero que lo importante sea el camino y no la meta, el medio y no cómo se llega al fin porque llegar se llega.
  • Quiero ser humilde y pensar en todo lo que tengo que aprender. Nunca seré un experto en nada, cuanto más sé de algo más puedo aprender. Quiero huír de los profesionales del vender humo, de aquellos que no dan valor y encima tienen un nombre. Si vales no te lo creas y si no vales no me engañes.
  • Quiero pensar y ayudar a quien quiere trabajar y no aceptar al que no quiere y que se mantiene en los puestos porque si.
  • Quiero ser solidario con el que no tiene. Y quiero siempre que se pueda darle la caña y enseñarle a pescar.
  • Quiero admirar y ensalzar a grandes personas que hay en nuestra sociedad. Quiero que quien gana mucho dinero, por supuesto haciendo las cosas bien, como hoy es noticia Javier Oliván, sea un orgullo para la sociedad y se le ponga como ejemplo.

Y otras que no quiero, otras contra las que estoy

  • No quiero instituciones ni políticos que hacen las cosas mal. Pero tampoco quiero engañarme, tenemos lo que somos y solo cambiando cada uno de nosotros se les cambia a ellos.
  • No quiero desunión entre los españoles. No quiero que en mucha gente siga viva la Guerra Civil, que sea un Madrid contra el Barça, los rojos contra los fachas, el PSOE y el PP. Quiero un país al que no solo lo unan desgracias como la muerte de Miguel Ángel Blanco y los atentados del 11-M
  • No quiero autocomplacencia. Quiero ser muy crítico conmigo mismo, no me quiero engañar. Quiero que los que estén a mi lado, y tu también si quieres, me ayudes y me des toda la caña del mundo cuando no hago las cosas bien. No quiero tener miedo del futuro, quiero cambiar lo que no vea bien en mi y quiero hacerlo con una sonrisa.
  • No quiero aceptar el “todo vale” y quiero ir contra la gente que lo representa. Quiero denunciarte si defraudas en el IVA, si me planteas que te despida para cobrar el paro, si veo que vives en el extranjero y cobras subsidios en España, si tienes empresas que se aprovechan de las administraciones. Y quiero que si yo lo hago me denuncies, que vayas contra mi.
  • No quiero que se deje de castigar al que hace las cosas mal. Quiero que se le castigue con todo el peso de la ley y que esto sea ejemplo también. Si haces las cosas mal pagas.

¿Y tú que quieres?

La filantropía de Mark Zuckerberg, la de la viuda, la mía…

En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir. (Lucas 21, 1-4)

Toma… Menuda manera de empezar un post, con un trozo del Evangelio de Lucas ¿y eso?

Pues es que el otro día mi buen amigo Javier Andrés publicó un artículo en el que contaba, a propósito de la salida a bolsa de Facebook, que había pasado inadvertido un gran gesto por parte de su fundador Mark Zuckerberg.

Y es que el bueno de Mark se ha apuntado a Giving Pledge que es una bonita iniciativa por parte de algunos ricos, en su mayoría norteamericanos, a comprometerse a dar una buena parte de su fortuna personal a obras de caridad.

Javier argumenta en su post que es espectacular que alguien con veintisiete años sea capaz de comprometerse a dar la mitad de sus estimados 28.000 millones de euros a obras de caridad y que ejemplos como estos son los que iluminan. (Por cierto, no entiendo cómo se puede titular un post como el de Expansión “podría ganar hasta 28.000 millones” ¿es que el fundador de Facebook no los tiene ya?)

En ese momento le empecé a transmitir mis dudas a Javier sobre qué era compromiso moral, en qué plazo se daba esa mitad de la fortuna y quien auditaba que esto fuera así. Javier me decía que lo importante es el ejemplo que esta gente puede dar, que era más importante el qué al cuando y que lo importante no es el dedo sino la luna hacia la que este apunta.

Y ahí le dije que no, que no lo veía. Y es que me parece muy fácil decir que te comprometes a hacer algo y no hacerlo ahora porque ¿hay algo que le impida a la mayoría de esos ricos a dar la mitad de sus dineros ya mismo? ¿Por qué se comprometen a hacerlo y no lo hacen ya? Y si lo van a hacer ¿Quien lo audita? ¿Quién lo comprueba? Porque con tanto dinero se puede hacer y ya mismo, no hay más problemas.

Y ahí está también lo mejorable. Lo fácil es decir que siendo tan ricos se puede dar el dinero ya mismo y no que nos miremos a nosotros mismos y veamos cuanto damos ahora mismo, en tiempo o en dinero, por los más pobres.

¿Tiene más mérito Mark Zuckerberg comprometiéndose a dar la mitad de su inmensa fortuna o alguien que da la mitad de lo que tiene aquí y ahora? ¿Y si ese alguien encima da más de lo que tiene para si mismo?

Esta es una reflexión que me hago siempre, que tengo que quitarme de lo que tengo para dar a los demás, ahora. Y eso es lo difícil. Lo fácil ahora es atacarme y decirme lo que tu quieras, lo que no he dicho, porque no he dicho que de mucho, al contrario, tendría que dar mucho más de lo que doy. Esto no es un post para decir lo bueno que soy y lo mucho que doy, tampoco. Como le dije al gran Miguel Arias en un tweet posterior no voy a decir si doy o no doy y cuanto. Porque siempre me ha parecido muy curioso encontarme con amigos que me miden sin saber sintiéndose quien por el posible aspecto de su vida. En eso no entro.

Solo es un post para decirme a mi mismo que aún siendo el gesto de Mark muy loable prefiero viuda pobre que se esconde para dar o súper rico que lo da, lo cuenta para dar ejemplo pero lo da ya. Nada de compromisos no auditables que siendo bonitos y dando supuesto ejemplo no los veo, no tengo por qué creerlos y no hay tiempo que perder.

Ah, y Javier es un gran tipo, que no se os olvide. Estoy seguro que da de lo que le falta ahora y cuando venda su maravilloso Ticketea.

Los niños que llevan tirantes llegan antes

Me acuerdo mucho de mi abuelo materno. La verdad es que siempre fue de esos abuelos que quieres tener, por lo que sonríen, por la de bromas que te hacen y en mi caso por lo que siempre me motivaba, por lo mucho que me enseñó.

Fue quien me enseñó jugar al ajedrez y quien me enseñó a perder. A perder porque no recuerdo que me dejara ganar ni una partida y por supuesto nunca se la gané. Siempre que ves un niño te quedas con la duda de qué es mejor para que aprenda, que le dejes ganar alguna vez o que pierda siempre y con eso que aprenda, que luche.

Y la verdad es que cuando ya han hecho unos años desde su muerte no puedo acordarme más de todo lo que perdí con él pero también de todo lo que aprendí. Me enseñó cada movimiento del ajedrez, siempre con ese tablero que él mismo construyó, que solo con él podía tocar y que hoy tengo como regalo, tantos años después de su marcha.

Y hace unos días me he acordado mucho de él, mucho. Me encontré este dibujo que me hizo, esta historia que ya es un mantra para mi, que siempre recuerdo. Parece que de pequeño no me gustaba llevar tirantes. Supongo que es de estas cosas que las madres tienen y mi madre era de tirantes siempre, cinturón nunca. Para mi debía ser un tema recurrente porque mi abuelo, que además de buen abuelo te hacía un dibujo en un segundo, me animaba a llevarlos con un “Los niños que llevan tirantes llegan antes y el niño que lleva cinturón es un bobalicón”

Y hoy solo escribo estas líneas para recordarle y para con esto acordarme de que esto consiste en pelear, en ganar o perder pero en pelear. Si no luchas, si no llevas tirantes te conviertes en bobalicón y claro, pierdes al ajedrez.