Hoy no voy a ser políticamente correcto

Me estoy leyendo el libro de Arturo Pérez-Reverte «Cuando éramos honrados mercenarios». Cada cuatro o cinco años lo compro, o me lo traen sus Majestades de Oriente como esta vez. Para los que no lo sepáis no es más que la recopilación que el escritor español hace de sus artículos que cada fin de semana escribe en el XLSemanal y que puntualmente va publicando en su Web.

Esta mañana, como llovía y quería leer he ido en autobús. Por supuesto había tráfico pero me ha venido bien para leer varios artículos y no atender a los coches. Como estoy empezando pues toca el inicio y me he topado con «Al arte de pedir«que aunque ponga el link también os lo reproduzco y al final pongo mi añadido, mi tazita de hoy.

Qué bonito. El otro día un concejal de no sé qué habló de mendigos y mendigas. Ya hasta la miseria real o presunta debe ser socialmente correcta. Y está bien ponerla al día, la verdad, porque últimamente todo cristo pide algo por la calle. Como antes, pero más. Estás parado en una esquina, sentado en la terraza de un bar, caminas por la acera, bajas las escaleras del metro, y siempre hay alguien que te pide una moneda. Los hay que abordan con tacto exquisito –«si es usted tan amable»–, que lo plantean como un favor puntual –«présteme para el autobús»–, los que se curran el registro del colegueo –«dame argo que ando tieso, pa mí y pal perro»– y diversos etcéteras más, incluidas las rumanas de los semáforos, que no te las quitas de encima ni atropellándolas, y esas Rosarios de rompe y rasga que, cuando rechazas la ramita de romero, te llenan de maldiciones y desean que te salga un cáncer en mal sitio, por malaje. También vuelve un tipo de mendigo que parecía extinguido: el que enseña los muñones como en tiempos de Quevedo, sólo que ahora suele tener acento eslavo o de por ahí. Aunque uno al que veo mucho en la puerta del Sol no sé qué acento tiene, porque va por la calle Preciados con los muñones de los dos brazos al aire y un vasito de máquina de café cogido con los dientes para que le pongan las monedas, soltando unos gemidos infrahumanos que hielan la sangre.

De todos ellos, como creo haberles contado alguna vez, los que nunca me sacan un céntimo son los llorones: los que se ponen de rodillas gritando que tienen hambre, o sitúan un Cristo o una Virgen delante, los brazos en cruz y el rostro inclinado entre la supuesta oración y la supuesta vergüenza por tener que pedir para que coman sus hijos; como uno que no me extraña que tenga hambre, porque lleva diez años arrodillado con su estampita junto a un lujoso hotel de Madrid en vez de buscar trabajo en la obra más cercana, que está llena de inmigrantes con casco, ganarse el pan y comer algo. Tampoco me gustan los que piden con malos modos o mala sombra, por la cara. Si me van a sacar viruta, pienso, al menos que se la trajinen. No hace mucho, paseando una noche con Javier Marías, nos abordó un sujeto con malos modos y acento extranjero. Al decirle que no, el jambo se puso delante cortándonos el paso y nos soltó: «Maricones». Cuando me disponía a darle una patada en los huevos, Javier se interpuso, metió la mano en el bolsillo y aflojó un euro. «Por perspicaz», le dijo con mucho humor. Fuese el otro, y no hubo nada. Y es que el rey de Redonda es así: pacífico. Y lleva suelto.

A otros, en cambio, si se lo curran, les das la camisa. Es cuestión de oportunidad y de concepto. De arte. El caso más espléndido me ocurrió hace poco en Cádiz. Salía con mi compadre Óscar Lobato de comer en El Faro, en el barrio de la Viña; y cerca de allí había en la acera, junto a un portal, un fulano sentado en un sillón de cretona con cabezal de ganchillo: un sillón casero de toda la vida, sacado afuera, supongo, para que su propietario tomara el fresco. Y el propietario en cuestión estaba a tono: chándal, zapatillas, treinta y tantos años largos, tatuaje carcelario en la mano, un pitillo en la boca. Imagínense la escena, el tipo sentado en el sillón, la ropa tendida, las marujas de charla en los balcones, las palomas picoteando restos de bollicao en el suelo. «Denme argo, caballeros», dijo el fulano cuando pasamos por delante, sin moverse y con mucha educación. Óscar, que es de la tierra, se detuvo ante él, lo miró con una cara muy seria y la guasa en sus ojos de zorro veterano, y comentó: «¿Hace calor dentro, verdad?». Y el del sillón dijo: «Jorrorozo». Óscar introdujo con parsimonia la mano en el bolsillo. «Tú eres de Cádiz, claro», apuntó. Y el otro, sosteniéndole la mirada imperturbable, respondió: «De Cai, zizeñó. Y a musha jonra». Mi compadre le dio un euro, yo otro, y cuando echamos de nuevo a andar, el pavo se puso en pie, fue caminando un trecho detrás, y al cabo lo vimos cruzar la calle y meterse tranquilamente en un bar, a invertir el capital: uno de esos sitios con barriles de cerveza en la puerta, mucho tío dentro, mostrador de cinc y fotos de equipos de fútbol en la pared. Nos lo quedamos mirando, y al fin Óscar, con un suspiro, murmuró: «Cádiz». Y luego, con una sonrisa: «Cómo no le vas a dar. A la criatura».

La tazita es que este tema se está recrudeciendo y me joroba, me jode vaya, en castizo Revertiano.

¿Qué me jode? Me jode que no somos un país luchador, lo hemos dejado de ser. Hemos perdido la fuerza de nuestros antepasados que se pusieron el mundo por montera, mundo en el que no se ponía y el sol y nos dedicamos a no pelear por algo sino por joder al de al lado. Por supuesto que si no no tengo al de al lado para pelear pido o robo, que para qué vamos a luchar si nadie lo hace.

¿Qué hace falta? ¿Qué hay que hacer? ¿Necesitamos algo fuerte fuerte para reaccionar? Fuerte fuerte fue el 11-M y ni con esas, humeaban los trenes y ya estaban PP y PSOE machacándose.

Y al final esto es como los hijos, si no das ejemplo nunca pidas que tu hijo sea alguien razonable.

Por mi cercanía a muchas realidades conozco casos que necesariamente requieren ayuda externa, mendicante. Y ahora viene la burrada políticamente incorrecta: A pesar de conocer esos casos también me atrevo a decir que la mayoría de la gente que pide dinero en la calle de cualquier manera es alguien que lo hace porque si, porque es lo más fácil ¿para qué trabajar? ¡Si encima si te pones tonto y reúnes unos requisitos te dan 420 euros!A los pobres de verdad no se les ve en la calle, a veces porque estos mismos caraduras no les dejarían los sitios «buenos»…

Daros una vuelta por las ciudades y mirar a los pobres. No a los pobres que no se ven, sino a «los de siempre» ¿Quién te encuentras en tu semáforo? ¿Siempre el mismo puntual con la misma cantinela? ¿No te preguntas si a los que nos los encontramos de verdad son los que están «trabajando»?

Necesitamos cultivar el esfuerzo, desde abajo, desde casa. Que cuando tu hijo tenga que hacer un esfuerzo lo haga y no sean ellos el centro del mundo. Sólo así podremos cambiar esta inercia que nos lleva a una guerra, a una depresión o un Argentina Europea.

Hala, he dicho. Me voy a trabajar que si sigo pensando sigo diciendo burradas (y chorradas)

Soy un «jefe» muy raro ¿no?

El otro día le conté a un amigo cuáles eran mis usos como «jefe» y me miraba con cara de pasmado, como si para él esto fuera de locos, de raros, no sé. ¿Y por qué? No es que haga cosas raras pero si cosas que quizá están fuera de uso para un «jefe» de los de toda la vida. De hecho lo primero que le sorprende a la gente de mí es que ni en mi mail ni en mis tarjetas no pone cargo, ni CEO, ni socio, ni Director General, ni «jefe», ni ná!

¿Qué más cosas son «raras» en mí?:

  1. Me siento con todo el mundo, en una sala grande, no es la primera vez que hablo de mi sitio de trabajo y esto no es muy raro pero bueno, primer síntoma. Para mi es muy importante por muchos motivos: porque no necesitas grandes despachos como el que yo tenía ni cosas que esconder, porque apoyas a tus trabajadores y porque además te ven trabajar más que a nadie con lo que das ejemplo.
  2. Uno con el primer punto: Trabajo más que casi todos los trabajadores de coches.com Ojo que para mi esto no es algo de lo que aprender pero hay pocos trabajadores que estén a mi altura, en este momento sólo Nuño, que trabajen lo que yo. Quizá esto no sea un raso de un «jefe» sino de un imbécil o de un emprendedor pero vaya, que trabajo mucho.
  3. Sigo enlazando con puntos anteriores: A principio de año pensé que me podría bajar el sueldo y lo hice, por si acaso, todo el mundo pintaba como horrible el año y por si acaso lo hice. Es verdad que las cosas han salido fenomenal y que podían haber salido igual de bien si hubiera cobrado lo que cobraba en el ejercicio anterior pero lo hice un poco por principios, yo me podía bajar el sueldo porque no necesito mucho dinero para vivir y así lo hice. Ni que decir que nadie en la oficina le pasó lo que a mi.
  4. Friego, barro, ordeno… Cuando a Arrola le da por ordenar no hay quien me aguante. Soy de los maniáticos del orden (el otro día hice un mercadillo de cosas sobrantes de la oficina, seguro que todo el mundo terminó hasta las nerices de mi) Pero es que me molesta ver cosas que no están donde están y que tampoco están en la basura si deben estarlo. Y creo que tener un sitio de trabajo ordenado hace tener el coco ordenado y trabajar más eficazmente. Otro día escribiré de este tema pero es que incluso el tener el ordenador organizado, saber manejar herramientas tontas de ofimática ayuda a mejorar la productividad. Mucho.
  5. Regalos de trabajo: Raro es el regalo que no reparto entre mi equipo. Y no porque no lo valoro, me encanta que me regalen y lo agradezco muchísimo pero en principio no me quiero quedar nada. Prefiero que le llegue a la gente que tiene el mismo mérito o más que yo y que normalmente recibe menos con lo que o lo regalo o lo disfrutamos juntos (que a veces pasa). Digno de grabar es la cara del recién llegado a la empresa cuando ve que su «jefe» le regala algo que no era para él 🙂
  6. Cesta de Navidad: ¡Tampoco he tenido cesta de navidad en la oficina! Todo el mundo ha tenido un detalle, todos los años se hace, pero lo mismo que en un punto anterior. No necesito de una cesta para ser feliz y por eso no me la regalo.
  7. Otra paradoja es que mandaré lo que mando en coches.com pero coche de empresa pues no, va a ser que no (De hecho en casa sólo tenemos un coche y es prestado)

Además de estas cosas tengo otras, muchas malas y supongo que soy tan insoportable como muchos «jefes» pero en esto dicen que soy raro ¿Qué te parece? ¿Lo soy?

Mini carta abierta a los que habéis escrito el Manifiesto famoso, y a los que no

Queridos y estimados…

Ignacio Escolar, Enrique Dans, Jesús Encinar, Antonio Delgado, Rosalía Lloret, Julio Alonso, Pepe Cervera, Fernando Berlín, Gumersindo Lafuente, Virginia Alonso, Javier Sanz y demás participantes en todo el rollo que hay en torno al manifiesto. Añado a gente tan dispar que quizá no haya participado en estos temas como Alberto Artero, Marc Vidal, Francois Derbaix, Carlos Blanco, Jaime Estevez, Ángel María Herrera, Javier Martín, Alejandro Suárez, Eneko Knorr, Joshua Novick, Albert Armengol, Marek Fodor y muchos que no dejaría de señalar a lo largo de toda la noche.

Aunque no os conozco a muchos me toca escribiros.

Se que algunos de los que he señalado aquí no habréis escrito el Manifiesto, otros habéis ido a la reunión con la Ministra porque os han llamado y ya está , otros sobraréis o sentiréis que no deberíais estar en esta lista pero sigo…

A los que si que estáis en el Manifiesto gracias por luchar por algo en común y con ningún tipo de interés más que lo que os ha brotado de dentro. Nadie os ha elegido y no sois los representantes de nada pero ahí habéis estado, todos a una. Me parece clave que ha habido diversidad de casi todo, habrá faltado algún espectro o zona geográfica pero había mucho de muchos sitios y eso, como en Fuenteovejuna.

Lo segundo felicitaros a todos por vuestros trabajos y proyectos, por vuestra lucha, por pelear por vuestros sueños y por ilusionar a la gente que trabaja con vosotros y de paso a la gente que os vemos de lejos o de cerca, a través del cable o de las ondas.

Se ha demostrado que algo que surge con fuerza desde la espontaneidad es lo más potente que hay. No me gusta la política pero siento que este movimiento ha hecho política, porque se ha preocupado a los políticos. Ya están los del PSOE poniendo reuniones, los del PP sacando la cabeza, todos para la foto que es lo importante en sus vidas.

Y ahora me toca enredar y liarme… ¿Soñar? ¿Hacerme preguntas? Quizá alguno tengáis las respuestas o las ideas porque no tengo una propuesta concreta.

Para mi movimientos como este son los que se necesitan para levantar esta España dormida, que se viene abajo si no la levantamos. Creo que la mayor lacra de este país es que no somos capaces de luchar todos en favor de algo, aunque ese algo sea un mero «todos juntos ayudamos a que todos vivamos mejor»

No descubro nada nuevo si digo que la política está como el país, cada uno por su lado, haciendo el máximo daño al contrario para ganar lo máximo para mi ¿que el barco se hunde entre tanto? No pasa nada, habré saltado antes de ese momento.

¿Y qué se me ocurre? No lo se, que nos movamos, que le demos al coco y luego actuemos, que además de dar ejemplo con nuestro trabajo veamos si esta inercia tan brutal que ha cogido este movimiento puede tener algún efecto posterior en los políticos. ¿Para qué? Para que  se encierren en un cuarto hasta que se pongan de acuerdo, y si tienen que dimitir, sea.

Eso si, no me preguntéis cómo, esa es la pregunta del millón.

¿Es eso política? Alguno podría decir que la única manera es hacer un Partido pero no lo creo. Levantarnos y hacer mucho más ruido será preocupar al político. Si lo hacemos les moveremos a que se pongan de acuerdo de una vez.

¿Ideas? Yo no las tengo, son justo las doce de la noche y voy a trabajar un poco más mientras la familia duerme.

Viaje al Norte ¿Sómos todos iguales?

La semana pasada he estado muy poco activo en el blog. Mucho trabajo y encima un viaje de varios días al Norte de España, en concreto a Cantabria y Vizcaya en compañía de Alejandro, del gran Alex.

Hemos estado viendo un montón de concesionarios después de la buena experiencia que fue nuestra tourné Catalana. El mes pasado fuimos a Barcelona y la inversión fue magnífica.

En total han sido ocho concesiones que en su mayoría están en Santander y Bilbao. Son muchos años ya de relación con algunos de ellos y ayuda mucho el mero hecho de poner cara y por supuesto de implementar mejoras una vez que estamos en sus concesiones.

Además nos ha dado tiempo para cosas variadas:

  • Hemos estado con el CEO de una de las webs de nuestra competencia, quizá al único que no conocía,  y la verdad es que fue un gusto de comida. Es curioso cuando le echas morro a la vida y te diriges a gente que no se lo espera y cómo las cosas son naturales, como la vida misma.
  • Fui al Cementerio de Getxo, en Punta Galea, que siempre digo que es el más bonito que conozco, el más bonito del mundo mientras no me sorprenda con otro.
  • Hemos comido fenomenal, por ejemplo en el Mesón Gele de Santander, al lado de la Plaza de Cañadío. ¡Qué buen pescado y qué buenas rabas!
  • Hemos conducido un Audi Q5 que nos ha dejado un concesionario de Madrid, hasta arriba de lujos, una maravilla.

Bueno, el caso es que cuando voy al Norte siempre pienso lo típico, que qué maravilla de tierra, que qué maravilla de gente (por supuesto con imbéciles como en todos lados), etc.

Pero una cosa que he comentado con Alejandro estos días es que la gente del Norte es muy eficaz, muy trabajadora, legal, etc. Un buen cóctel. Trabajar en coches.com y en autodescuento.com te da la oportunidad de tener relación con empresarios y trabajadores que hacen lo mismo, casi siempre en mismas circunstancias, a nivel nacional. Y la diferencia entre el Norte y el Sur muchas veces es espectacular. Siempre digo «En cuanto cruzas Despeñaperros hacia abajo empieza el cachondeo» y lo mismo en cuanto cruzas para arriba quizá el Alto de Altube….

Por supuesto que esto acepta excepciones (en Andalucía tenemos algún concesionario que vende muchísimos coches y en el Norte algún desastre también hay) pero la mayoría de las veces nos pasa.

Y la duda es si esto es algo de sangre o de ósmosis. Si el ser trabajador se hace o se nace. Y lo mismo con el cachondeo. Yo creo que se nace y ayuda un poco el que si nadie trabaja ¿por qué trabajar tú?

Ah, no me olvido, una selección de fotos malas hechas con un móvil…

Cosas que no cambian…

Hay una magia en Internet y es que hay veces que en poco se te unen varias cosas que te ayudan a dar forma a un pensamiento, que no es más que eso, un pensamiento, y por cierto no muy original. Va de niños y de educación, si…

El viernes por la mañana iba en el Metro (siempre lo digo pero maravilloso como ninguno) y recibí en la Blackberry (hay una magnífica cobertura en la líneas 10 del Metro de Madrid) una presentación en Powerpoint que al principio dudé en abrir. Nunca he entendido la manía de la gente de hacer presentaciones de artículos de texto, para eso se inventó el Word pero en fin, a lo que voy…

La presentación era un artículo que pensé que era actual hasta bien entrado el mismo (sólo ciertos nombres de ministros demuestran que no lo es pero sigue siendo de actualidad, cosas que no cambian) Es de Arturo Pérez Reverte al cual le tengo mucho aprecio porque siempre dice las cosas con claridad y porque no se casa con nadie (no hace falta ser de un lado o de otro, se puede ser de ninguno o de los dos)

Con lo que para seguir el hilo lo primero el artículo, que como he dicho por supuesto que no es mío:

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Al llegar a la oficina me llegó vía Twitter este artículo de elmundo.es y me sentí como Reverte. ¿Pero dónde está la educación de nuestros hijos? ¿Es que no nos damos cuenta que tenemos que ser todo lo duros que podamos con ellos para que sean respetuosos y educados en un futuro? ¿Por qué siempre tiene razón el niño y no el profesor? Estoy seguro que el papá de la niña dijo que esta vomitó como excusa, pero dando por hecho que es verdad que vomitó ¿por qué lo hizo? ¿Porque le pusieron que tenía que escribir una frase cien veces?

Siempre me acuerdo del día que en quinto de EGB le fui a regalar a un profesor arena de la playa de Miami (ventajas de haber tenido madre azafata). Ni corto ni perezoso me dio una bofetada en la cara… ¡Pero es que me pareció normal! No sabía por qué era, pero ni se me ocurrió decírselo a mis padres porque seguro que razón tendría.

Y es que vivimos engañados, queremos reflejar en nuestros hijos lo que no hemos sido y por eso nuestros hijos siempre son perfectos. ¿Cuántas veces le hemos dicho al niño que el suelo es tonto cuando se cae al suelo? ¿Quién es tonto? Nadie obviamente pero echarle la culpa al suelo y darle unos azotes para que se quede tranquilo el niño…

Siguiendo con cosas que me pasaron el viernes fue la siguiente noticia. Parece que esto no tiene fin porque hasta en Canadá se ha ganado un juicio por parte de unos padres que consideraban que su hijo no tenía que hacer deberes.

De verdad que nos extraña que haya la falta de educación que hay en las calles. No comparto con Reverte que la culpa sea de los políticos, que también lo es, sino que primero la culpa es de los papás, que ponen a esos políticos en su sitio y que pasan de si estos dan o no educación a sus hijos. Y luego por supuesto de los papás que hacemos caso a nuestros hijos y no a lo que es bueno para ellos (si algún día me veis siendo blando con mis hijos decírmelo, redeu)

Y ya que estuve con Reverte, otro trozo de una de sus novelas, esta vez Cabo Trafalgar…

Entonces (cosas de la vida) el barbateño se vuelve loco. Pero loco de atar, o sea. Absolutamente majareta. Mientras el chico se arrastra por la cubierta dejando un

reguero de sangre y rompiendo como puede tiras de su camisa para hacerse un torniquete en el muslo, Marrajo se inclina sobre él, le quita en dos manotazos la bandera de la cintura, se pone en pie, y encaramándose por los tablones rotos de la regala a la mesa de guarnición, importándole ya todo un huevo, agita el paño a gualdrapazos en dirección al tres puentes inglés. Perroshijosdelagrandísimaputa, aulla hasta que parece a punto de rompérsele la garganta. Mecagoenvuestrosmuertoscabronesyenlaputaqueosecb.óalmundo, joder todo ya. Por mis dos huevos. Por tos mis muertos. Por Cristo y la Virgen que lo parió.
-¿Y sabéis lo que os digo?… ¿Sabéis lo que os digo, casaconesjodíosporculo?…
¿Queréis saberlo?… ¡¡¡Puesquemevaisachuparelcipoteeeeee!!!
Y luego, ronco de gritar, sordo de sus propias voces, oyendo como un rumor confuso, lejano, los estampidos de los disparos, los cañonazos, el ziaaang, ziaaang de las balas que buscan su cuerpo, Nicolás Marrajo Sánchez, natural de la ensenada de Barbate, provincia de Cádiz, hijo de madre poco clara, sin trabajo ni profesión conocida salvo la de picaro, contrabandista, rufián y buscavidas, escoria de las Españas, reclutado forzoso por un piquete de leva en la taberna La Gallinita de Cai, se envuelve la bandera roja y amarilla en torno a la cintura, remetiéndosela por la faja, y se pone a trepar como puede por los obenques, tropezando, resbalando en los balanceos y sujetándose de milagro, mientras todos los ingleses del mundo y la perra que los trajo apuntan con sus mosquetes y le disparan, pam, pam, pam, y él sigue trepando y trepando ajeno a todo, entre docenas de plomazos que pasan zumbando, ziaaang, ziaaang, y él sube y sube y requetesube, una mano, un pie, otra mano, otro pie, entrecortado el aliento, los pulmones en carne viva y los ojos desorbitados por el esfuerzo, blasfemando y jiñándose a gritos en cuanto albergan el cielo y la tierra, cagoendiezycagoentodo, sin mirar abajo, ni al mar, ni al paisaje desolador de la batalla, ni al tres puentes inglés cuyos tiradores, poco a poco, sorprendidos sin duda por esa solitaria figura que trepa al palo del barco moribundo con una bandera sujeta a la cintura, van dejando de disparar, y lo observan, y hasta algunos empiezan a animarlo con gritos burlones al principio y admirados luego, hasta que el fuego de mosquetería cesa por completo. Y cuando por fin Marrajo llega a la boca de lobo de la cofa, y allí, las manos temblando, con uñas y clientes, como puede, anuda la bandera y ésta se despliega en la brisa (el puto león con la lengua fuera), desde el navio inglés llega el clamor de los enemigos que lo vitorean.

No, no me he vuelto loco con una visión así de España, que también, lo que digo es que hay que luchar, hasta que el enemigo te aclame, y eso alguna vez fue España ¿y tú? ¿Lo has sido alguna vez?

Y por último ¿es que queremos una España así? ¿Así queréis que busquen trabajo vuestros hijos en el futuro? Por que vamos abocados…