Hoy no voy a ser políticamente correcto

Me estoy leyendo el libro de Arturo Pérez-Reverte “Cuando éramos honrados mercenarios”. Cada cuatro o cinco años lo compro, o me lo traen sus Majestades de Oriente como esta vez. Para los que no lo sepáis no es más que la recopilación que el escritor español hace de sus artículos que cada fin de semana escribe en el XLSemanal y que puntualmente va publicando en su Web.

Esta mañana, como llovía y quería leer he ido en autobús. Por supuesto había tráfico pero me ha venido bien para leer varios artículos y no atender a los coches. Como estoy empezando pues toca el inicio y me he topado con “Al arte de pedir“que aunque ponga el link también os lo reproduzco y al final pongo mi añadido, mi tazita de hoy.

Qué bonito. El otro día un concejal de no sé qué habló de mendigos y mendigas. Ya hasta la miseria real o presunta debe ser socialmente correcta. Y está bien ponerla al día, la verdad, porque últimamente todo cristo pide algo por la calle. Como antes, pero más. Estás parado en una esquina, sentado en la terraza de un bar, caminas por la acera, bajas las escaleras del metro, y siempre hay alguien que te pide una moneda. Los hay que abordan con tacto exquisito –«si es usted tan amable»–, que lo plantean como un favor puntual –«présteme para el autobús»–, los que se curran el registro del colegueo –«dame argo que ando tieso, pa mí y pal perro»– y diversos etcéteras más, incluidas las rumanas de los semáforos, que no te las quitas de encima ni atropellándolas, y esas Rosarios de rompe y rasga que, cuando rechazas la ramita de romero, te llenan de maldiciones y desean que te salga un cáncer en mal sitio, por malaje. También vuelve un tipo de mendigo que parecía extinguido: el que enseña los muñones como en tiempos de Quevedo, sólo que ahora suele tener acento eslavo o de por ahí. Aunque uno al que veo mucho en la puerta del Sol no sé qué acento tiene, porque va por la calle Preciados con los muñones de los dos brazos al aire y un vasito de máquina de café cogido con los dientes para que le pongan las monedas, soltando unos gemidos infrahumanos que hielan la sangre.

De todos ellos, como creo haberles contado alguna vez, los que nunca me sacan un céntimo son los llorones: los que se ponen de rodillas gritando que tienen hambre, o sitúan un Cristo o una Virgen delante, los brazos en cruz y el rostro inclinado entre la supuesta oración y la supuesta vergüenza por tener que pedir para que coman sus hijos; como uno que no me extraña que tenga hambre, porque lleva diez años arrodillado con su estampita junto a un lujoso hotel de Madrid en vez de buscar trabajo en la obra más cercana, que está llena de inmigrantes con casco, ganarse el pan y comer algo. Tampoco me gustan los que piden con malos modos o mala sombra, por la cara. Si me van a sacar viruta, pienso, al menos que se la trajinen. No hace mucho, paseando una noche con Javier Marías, nos abordó un sujeto con malos modos y acento extranjero. Al decirle que no, el jambo se puso delante cortándonos el paso y nos soltó: «Maricones». Cuando me disponía a darle una patada en los huevos, Javier se interpuso, metió la mano en el bolsillo y aflojó un euro. «Por perspicaz», le dijo con mucho humor. Fuese el otro, y no hubo nada. Y es que el rey de Redonda es así: pacífico. Y lleva suelto.

A otros, en cambio, si se lo curran, les das la camisa. Es cuestión de oportunidad y de concepto. De arte. El caso más espléndido me ocurrió hace poco en Cádiz. Salía con mi compadre Óscar Lobato de comer en El Faro, en el barrio de la Viña; y cerca de allí había en la acera, junto a un portal, un fulano sentado en un sillón de cretona con cabezal de ganchillo: un sillón casero de toda la vida, sacado afuera, supongo, para que su propietario tomara el fresco. Y el propietario en cuestión estaba a tono: chándal, zapatillas, treinta y tantos años largos, tatuaje carcelario en la mano, un pitillo en la boca. Imagínense la escena, el tipo sentado en el sillón, la ropa tendida, las marujas de charla en los balcones, las palomas picoteando restos de bollicao en el suelo. «Denme argo, caballeros», dijo el fulano cuando pasamos por delante, sin moverse y con mucha educación. Óscar, que es de la tierra, se detuvo ante él, lo miró con una cara muy seria y la guasa en sus ojos de zorro veterano, y comentó: «¿Hace calor dentro, verdad?». Y el del sillón dijo: «Jorrorozo». Óscar introdujo con parsimonia la mano en el bolsillo. «Tú eres de Cádiz, claro», apuntó. Y el otro, sosteniéndole la mirada imperturbable, respondió: «De Cai, zizeñó. Y a musha jonra». Mi compadre le dio un euro, yo otro, y cuando echamos de nuevo a andar, el pavo se puso en pie, fue caminando un trecho detrás, y al cabo lo vimos cruzar la calle y meterse tranquilamente en un bar, a invertir el capital: uno de esos sitios con barriles de cerveza en la puerta, mucho tío dentro, mostrador de cinc y fotos de equipos de fútbol en la pared. Nos lo quedamos mirando, y al fin Óscar, con un suspiro, murmuró: «Cádiz». Y luego, con una sonrisa: «Cómo no le vas a dar. A la criatura».

La tazita es que este tema se está recrudeciendo y me joroba, me jode vaya, en castizo Revertiano.

¿Qué me jode? Me jode que no somos un país luchador, lo hemos dejado de ser. Hemos perdido la fuerza de nuestros antepasados que se pusieron el mundo por montera, mundo en el que no se ponía y el sol y nos dedicamos a no pelear por algo sino por joder al de al lado. Por supuesto que si no no tengo al de al lado para pelear pido o robo, que para qué vamos a luchar si nadie lo hace.

¿Qué hace falta? ¿Qué hay que hacer? ¿Necesitamos algo fuerte fuerte para reaccionar? Fuerte fuerte fue el 11-M y ni con esas, humeaban los trenes y ya estaban PP y PSOE machacándose.

Y al final esto es como los hijos, si no das ejemplo nunca pidas que tu hijo sea alguien razonable.

Por mi cercanía a muchas realidades conozco casos que necesariamente requieren ayuda externa, mendicante. Y ahora viene la burrada políticamente incorrecta: A pesar de conocer esos casos también me atrevo a decir que la mayoría de la gente que pide dinero en la calle de cualquier manera es alguien que lo hace porque si, porque es lo más fácil ¿para qué trabajar? ¡Si encima si te pones tonto y reúnes unos requisitos te dan 420 euros!A los pobres de verdad no se les ve en la calle, a veces porque estos mismos caraduras no les dejarían los sitios “buenos”…

Daros una vuelta por las ciudades y mirar a los pobres. No a los pobres que no se ven, sino a “los de siempre” ¿Quién te encuentras en tu semáforo? ¿Siempre el mismo puntual con la misma cantinela? ¿No te preguntas si a los que nos los encontramos de verdad son los que están “trabajando”?

Necesitamos cultivar el esfuerzo, desde abajo, desde casa. Que cuando tu hijo tenga que hacer un esfuerzo lo haga y no sean ellos el centro del mundo. Sólo así podremos cambiar esta inercia que nos lleva a una guerra, a una depresión o un Argentina Europea.

Hala, he dicho. Me voy a trabajar que si sigo pensando sigo diciendo burradas (y chorradas)

3 comentarios en “Hoy no voy a ser políticamente correcto

  1. No me parece que lo que comentas sea ninguna burrada .Creo que por desgracia en la mayoria de los casos nos hemos acostumbrado a la vida facil y cuando algo sale mal es culpa de los demas nunca nuestra y el problema radica en las familias .

    Yo cuando tenia 17 años salia con dos mil pesetas para todo el fin de semana y me lo tenia que distribuir , tengo primos que con esa edad los padres les dan 60 euros , porque pobrecillos se tienen que divertir , yo cuando empece a tener esa cantidad de dinero para pasar los fines de semana es que por la noche fregaba platos en pacha .
    Creo que nos hemos encasillado en unos valores , como que a cierta edad para hacer las cosas bien te tienes que haber comprado un piso , cuando por ejemplo en Alemania para hacer las cosas bien tienes que haber salido y conocido mundo

    Bueno , pues eso que tampoco quiero darte el coñazo

  2. Es cierto lo que dice ppgalan, el otro día lo pensaba yo también, hace no muchos años salía con 1000 pesetas un fin de semana y me podía sobrar, ahora salir una noche de copas son mínimo 40€ (casi 7000 pesetas), siete veces más que hace pocos años.. Con 1000 pesetas no tienes ni para ir al cine!

    Hoy en día ser mendigo de la calle es una profesión más, sólo hay que ver 1 programa de Callejeros, cualquiera porque ya no hablan de otra cosa, y escuchar a uno de estos mendigos las cifras que mueven 50-100€ al día.. Mejor que un sueldo porque hacienda de ahí no coge nada! Si ya eres más avispado y recurres a las ayudas del gobierno tienes el negocio montado..

    Por no hablar de las redes de explotación infantil que se dedican a este “negocio”.. 😦

    Estamos en España, país de la picaresca..!

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