Sobre mentores y startups

Hoy voy de denuncia, de grinch, de dar mi opinión en un tema que cada vez veo que va perdiendo sentido. Y si, para quien me pide que sea naranja lo siento, hoy desgraciadamente voy a escribir como limón.

Me toca hablar de mentores, de mentores en una start-up.

Cuando empiezo a escribir a veces me voy a la definición más académica para no equivocarme y para ver si voy a hablar de lo correcto. Dice la RAE que mentor viene del griego. Μέντωρ, Méntor, personaje de la Odisea, consejero de Telémaco. Y que puede ser dos cosas (1) en masculino y femenino un «consejero o guía» o (2) un ayo que es también masculino o femenino la «persona encargada en las casas principales de custodiar niños o jóvenes y de cuidar de su crianza y educación»

En una start-up lógicamente nos vamos al (1) porque lo que buscamos es una persona que especialmente al principio nos de valor en forma de ideas de negocio, contactos, errores que no se deben cometer. etc.

Soy de los que he defendido que esto es una buena idea, que hay que aprovechar todas las palancas posibles y que rodearte de mentores, asesores o como lo llamemos, o lo llame la RAE, es algo interesante…. Pero es  que en la vida hay blancos, negros y muchos grises y en España cada vez estoy viendo más casos extremos.

Y a veces lo extremo se reduce cuando me hago unas preguntas, cuando pienso unas claves para elegir (o no) un mentor. Allá van unas preguntas básicas:

  1. ¿Lo necesito? Ah, es que esa pregunta no me la tengo que hacer ¿no? Pues si, te la tienes que hacer porque puede que no lo necesites.
  2. ¿Qué quiero de este mentor? ¿Qué necesito y qué no?
  3. ¿Cómo voy a medir su participación en mi start-up? ¿Qué le voy a pedir? ¿Lo voy a establecer en tiempo?
  4. ¿Y que le voy a dar? Porque ¿le tengo que dar algo?

Porque un mentor debe ser una persona que se implique en tu proyecto y al cual le exijas y con el cual valores correctamente su participación.

Y hay que ser MUY exigente, o tienes a los mejores o no los tengas. Porque tener mediocridad y encima regalar participaciones a mediocres tiene mucho peligro.

Puntos en los que fijarse y a trabajar una vez que si, que quieres mentores:

  1. Ya lo he dicho. O el mejor o nada.
  2. ¿Qué necesitas? Porque lo suyo es ver cuáles son tus puntos débiles y que en ellos trates de buscar al mentor.
  3. No valores cosas que son pagables o que cuestan poquísimo. Porque un artículo de tu empresa en un blog no vale una puñeta, vale unas cuantas visitas un día que no te llevan a nada. Si tu empresa es buena los periodistas y los bloggers querrán escribir sobre ella cuando les escribas. Les faltan noticias, les faltan buenos ejemplos.
  4. Lo impagable es que esa persona se implique como si fuera su empresa. Y si de verdad piensa que mereces la pena le puedes pedir hasta que invierta.
  5. Mide en un contrato lo que quieres, cuánto y como. No valen caras bonitas que están por eso, por su cara bonita. Siempre exige dedicación y hazlo por escrito y como probablemente has elegido al mentor por algo pídele que te de valor en eso que sabes que es el mejor.
  6. No des grandes participaciones y menos si este mentor no invierte. Si yo, inversor en una ronda posterior, veo que has regalado una participación significativa a este mentor valoraré muy poco tu empresa, te valoraré muy poco a ti.
  7. Huye de la gente que hace esto de una manera organizada. Lo siento pero si esto es tu negocio, si eres mentor profesional, es que no tienes valor. Yo hago caso a la gente que me llama una vez, dos, tres… Pero llega un momento que pasas de quien te pide favores constantemente porque si lo hace tanto es que no se cree los favores que pide.

¿Para qué quiero tener a Steve Jobs o a Bill Gates en mi empresa si no se creen en mi producto o no me ayudan? Ah, que me van a atraer gente que invierta pero ¿no se darán cuenta los inversores que les has dado dos duros para nada?  ¿No te das cuenta que ni Steve ni Bill tienen tiempo para ti? ¿No será que solo tiene tiempo al que le sobra? Si hago una lista yo quiero tener de mentor a Jesús Encinar, a Carina Szpilka, a François Derbaix, a Marek Fodor, a Alberto Artero, a Alberto Knapp, a Julio Alonso, a Marc Vidal, a Rafa Garrido, a Carlos Domingo, a Dídac Lee, a María Fanjul, a Jesús Monleón, a Iñaki Ecenarro, a Eneko Knorr, a Marta Esteve… pero ¿cuántos de esos son mentores de empresas? Y si lo son ¿En cuántas de esas empresas no han invertido dinero? Me temo que el número está próximo a cero.

Internet en España es un pueblo y si eres bueno se va a enterar hasta el tonto del pueblo. Si no lo eres y encima te dejas acompañar por mentores malos a los cuales les has regalado todo pues eso, te quedarás peor que si no hubieras empezado.

Otra actualización: Me hacen llegar este magnífico post «Advisors stop screwing startups». No hay más que añadir, gracias Agustín

La filantropía de Mark Zuckerberg, la de la viuda, la mía…

En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir. (Lucas 21, 1-4)

Toma… Menuda manera de empezar un post, con un trozo del Evangelio de Lucas ¿y eso?

Pues es que el otro día mi buen amigo Javier Andrés publicó un artículo en el que contaba, a propósito de la salida a bolsa de Facebook, que había pasado inadvertido un gran gesto por parte de su fundador Mark Zuckerberg.

Y es que el bueno de Mark se ha apuntado a Giving Pledge que es una bonita iniciativa por parte de algunos ricos, en su mayoría norteamericanos, a comprometerse a dar una buena parte de su fortuna personal a obras de caridad.

Javier argumenta en su post que es espectacular que alguien con veintisiete años sea capaz de comprometerse a dar la mitad de sus estimados 28.000 millones de euros a obras de caridad y que ejemplos como estos son los que iluminan. (Por cierto, no entiendo cómo se puede titular un post como el de Expansión «podría ganar hasta 28.000 millones» ¿es que el fundador de Facebook no los tiene ya?)

En ese momento le empecé a transmitir mis dudas a Javier sobre qué era compromiso moral, en qué plazo se daba esa mitad de la fortuna y quien auditaba que esto fuera así. Javier me decía que lo importante es el ejemplo que esta gente puede dar, que era más importante el qué al cuando y que lo importante no es el dedo sino la luna hacia la que este apunta.

Y ahí le dije que no, que no lo veía. Y es que me parece muy fácil decir que te comprometes a hacer algo y no hacerlo ahora porque ¿hay algo que le impida a la mayoría de esos ricos a dar la mitad de sus dineros ya mismo? ¿Por qué se comprometen a hacerlo y no lo hacen ya? Y si lo van a hacer ¿Quien lo audita? ¿Quién lo comprueba? Porque con tanto dinero se puede hacer y ya mismo, no hay más problemas.

Y ahí está también lo mejorable. Lo fácil es decir que siendo tan ricos se puede dar el dinero ya mismo y no que nos miremos a nosotros mismos y veamos cuanto damos ahora mismo, en tiempo o en dinero, por los más pobres.

¿Tiene más mérito Mark Zuckerberg comprometiéndose a dar la mitad de su inmensa fortuna o alguien que da la mitad de lo que tiene aquí y ahora? ¿Y si ese alguien encima da más de lo que tiene para si mismo?

Esta es una reflexión que me hago siempre, que tengo que quitarme de lo que tengo para dar a los demás, ahora. Y eso es lo difícil. Lo fácil ahora es atacarme y decirme lo que tu quieras, lo que no he dicho, porque no he dicho que de mucho, al contrario, tendría que dar mucho más de lo que doy. Esto no es un post para decir lo bueno que soy y lo mucho que doy, tampoco. Como le dije al gran Miguel Arias en un tweet posterior no voy a decir si doy o no doy y cuanto. Porque siempre me ha parecido muy curioso encontarme con amigos que me miden sin saber sintiéndose quien por el posible aspecto de su vida. En eso no entro.

Solo es un post para decirme a mi mismo que aún siendo el gesto de Mark muy loable prefiero viuda pobre que se esconde para dar o súper rico que lo da, lo cuenta para dar ejemplo pero lo da ya. Nada de compromisos no auditables que siendo bonitos y dando supuesto ejemplo no los veo, no tengo por qué creerlos y no hay tiempo que perder.

Ah, y Javier es un gran tipo, que no se os olvide. Estoy seguro que da de lo que le falta ahora y cuando venda su maravilloso Ticketea.

Los niños que llevan tirantes llegan antes

Me acuerdo mucho de mi abuelo materno. La verdad es que siempre fue de esos abuelos que quieres tener, por lo que sonríen, por la de bromas que te hacen y en mi caso por lo que siempre me motivaba, por lo mucho que me enseñó.

Fue quien me enseñó jugar al ajedrez y quien me enseñó a perder. A perder porque no recuerdo que me dejara ganar ni una partida y por supuesto nunca se la gané. Siempre que ves un niño te quedas con la duda de qué es mejor para que aprenda, que le dejes ganar alguna vez o que pierda siempre y con eso que aprenda, que luche.

Y la verdad es que cuando ya han hecho unos años desde su muerte no puedo acordarme más de todo lo que perdí con él pero también de todo lo que aprendí. Me enseñó cada movimiento del ajedrez, siempre con ese tablero que él mismo construyó, que solo con él podía tocar y que hoy tengo como regalo, tantos años después de su marcha.

Y hace unos días me he acordado mucho de él, mucho. Me encontré este dibujo que me hizo, esta historia que ya es un mantra para mi, que siempre recuerdo. Parece que de pequeño no me gustaba llevar tirantes. Supongo que es de estas cosas que las madres tienen y mi madre era de tirantes siempre, cinturón nunca. Para mi debía ser un tema recurrente porque mi abuelo, que además de buen abuelo te hacía un dibujo en un segundo, me animaba a llevarlos con un «Los niños que llevan tirantes llegan antes y el niño que lleva cinturón es un bobalicón»

Y hoy solo escribo estas líneas para recordarle y para con esto acordarme de que esto consiste en pelear, en ganar o perder pero en pelear. Si no luchas, si no llevas tirantes te conviertes en bobalicón y claro, pierdes al ajedrez.

Mis propósitos de fin de…

Es momento de hacer balance, es momento de mirar lo que fue el 2011 y hacer planes para 2012, de reflexionar lo que has hecho bien y mal y de planificar hacia adelante. ¿no?

Eso me preguntaba viendo este mundo online de reflexiones, «best moments of», propósitos y demás de estos dos años.

Y yo, que a veces me siento como que quiero llevar la contraria me decía que no. Que no porque se me hace difícil ni siquiera recordar todo lo que he hecho en 2011 bien y por supuesto mal.

¿No te pasa? ¿Te acuerdas de lo que ha pasado durante todo el 2011? No dudo que es bueno hacer la reflexión de todo el año pero a mi al menos me cuesta mirar «tan atrás». Y digo tan atrás porque la vida pasa muy rápido y un año para mi es mucho.

Y como se me hace tan difícil mirar para atrás me pasa lo mismo con el «para el 2012». Si no me acuerdo del inicio del 2011 estoy seguro que en unos días se me habrán olvidado los propósitos del año 2012 y no quiero que pase con lo que me he hecho el propósito de acordarme aún más del payaso que ilustra este post.

Todos los días veo el cuadro del payaso. Es una historia bonita, de alguien que se gastó sus primeros sueldos en pagar un cuadro de para mi una mente genial, del gran Antonio Mingote. La historia incluía un «vente a mi casa y elige el que quieras», y eso es un reto, el que quieras de una casa en la que no cabe un cuadro del famoso pintor de Sitges.

No se lo que te imaginas tu que lees esta líneas pero yo me imagino el Metro de Madrid y mucha gente oscura que ni siquiera ve el payaso que está sentado entre medias. ¿No ves la escena? ¿No te pasa que en el Metro mucha gente parece triste? En el propio cuadro hay miedos, tristezas, oscuridad y un payaso que sonríe.

Y así quiero ser yo. Estoy un poco hasta ahí de escuchar que este 2012 va a hacer bueno al 2011, que feliz 2013, que nos queda lo peor y demás. Y me quedo con que da igual, con que vamos a hacer el camino igual y que hay que iluminar a nuestro alrededor, como ese payaso. Estoy seguro que por mucho que lo lleve con más o con menos alegría las cosas van a ser iguales. Da igual como me lo tome pero estaré donde tenga que estar al final de 2012.

Entonces, mi propósito para hoy, y espero contagiarte un poco, es ese . Ser como ese payaso y transmitir lo que tengo dentro y ayudar a que las cosas sean las que son, mejor o peores, pero con alegría.

Un crédito ENISA y los asesores externos

En España hay una empresa pública dependiente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio que se llama Empresa Nacional de Innovación Sociedad Anónima o lo que se conoce más por ENISA. Tiene varias labores pero de la que voy a hablar hoy es de las ayudas que prestan a emprendedores con instrumentos como los «préstamos participativos» que, tal y como reza su web, ayudan a ofrecer una alternativa de financiación a la PYME.

En lo que el mundo de Internet se refiere aportan dos líneas de ayudas:

  1. La mencionada línea de financiación (es un préstamo participativo no convertible) que se enmarca dentro de lo que llaman «Empresas Innovadoras«
  2. Un crédito para empresas de reciente constitución de un máximo de cincuenta mil euros.

Hoy no voy a hablar ni de si tiene sentido o no, para mi lo tiene en el caso del préstamo participativo, que el Estado aporte ayudas de este estilo. Tampoco voy a hablar de las características de los mencionados créditos, para eso nada mejor que acudir a su página web.

Hoy quiero hablar de las maneras de conseguir un crédito ENISA, de las que yo conozco, y de la labor que empresas de asesoría externa desarrollan en torno a estos créditos.

Y es que hace un tiempo coincidí en una mesa redonda con un empleado de ENISA y le dije: – Os vamos a pedir dinero dentro de poco – Después de las pertinentes bromas de si se iba a acabar el dinero y que me diera prisa le dije que estábamos ampliando capital y que lo iba a pedir a través de una empresa de asesoramiento externo que nos iba a ayudar con el papeleo. Se quedó un poco parado y tras decirme que respetaba mucho el trabajo de esas empresas me recomendó que me ahorrara el dinero y que lo hiciera con ellos directamente, que te asesoraban y que no había más problema.

El caso es que como veis hay dos alternativas para pedir un crédito ENISA:

  1. La que te curras tu, la que no te cuesta nada más que trabajo: ir a la página web de ENISA, rellenar el formulario y que te contacten y te vayan pidiendo documentación. El proceso es muy fácil. Toda la documentación que te piden es la económica que ya tienes o vas a tener si la empresa es nueva (balances, cuentas de pérdidas y ganancias, modelos que ya has presentado a Hacienda o vas a presentar como el del IVA o del IRPF, etc.) y por otro lado un plan de negocio que en principio ya tienes hecho y que si no lo tienes es muy fácil (en este link te adjunto el modelo que te mandan) Como ves al fin y al cabo es contar quién eres, tu historia, qué vas a hacer, tu modelo de negocio, vaya, tu proyecto emprendedor. Digo que tienes hecho el plan de negocio porque el préstamo participativo es para empresas que están ampliando capital y lo normal es que haya documentos que hayas contado a tus socios que te acompañan con sus recursos económicos. Una alternativa si a pesar de todo piensas que necesitas ayuda es entidades como la Escuela de Organización Industrial (EOI) o las Asociaciones de Jóvenes Empresarios que te ayudan tutorizándote o con el proceso en la consecución de los dos créditos y que en principio no te cobran nunca nada.
  2. La otra vía es que te haga el papeleo una empresa externa. En el caso de los préstamos participativos te cobran unos tres mil euros fijos y porcentajes variables del total del importe concedido. Cuando conoces a estas empresas te trasladan su alto nivel de consecución de resultados y te quedas con la idea que quizá es por su labor. Para mi solo dan dos valores añadidos: ahorrarte tiempo y saber decirte si tu plan de negocio se va a aprobar, presentando lo que creen que se va a aprobar y no haciéndolo con aquellos que no tienen ninguna posibilidad.

¿Y qué hice yo y por qué escribo este post?

Pues porque yo creo que salvo que no tengas ni un momento la mejor alternativa es la que hicimos en coches.com, la de «nosotros nos lo guisamos».

Mi experiencia con todo el proceso con ENISA ha sido perfecta. Una vez que te contactan te adjudican un tutor que te va diciendo lo que entiende, lo que no, tus errores, te viene a hacer visitas a la oficina para que le cuentes tu modelo y no por mucho equivocarte te dejan de dar el crédito. Y así fue, nos lo curramos, a veces nos equivocamos, nos lo dieron  y nos ahorramos un dineral.

Ah, que no se me olvide. Hoy se siguen dando créditos sin problemas siendo una excepción a la situación crediticia del país.

¿Y tú? Con todo esto ¿Qué vas a hacer?