Lo importante de los detalles

Pues si, me fijo siempre en cosas raras y tengo tirria a muchos de los políticos actuales sin distinguir de colores.

Y el otro día vi una foto en portada de la edición de papel de El Mundo. Era creativa por ser alargada y en la parte de arriba salía una imagen del momento que os incluyo.

¿Tú en qué te fijas? ¿En que los sindicatos están a una cosa y el resto a otra? Bueno, es normal, inicio de reunión, muchos fotógrafos, momento serio…

Pues no, yo me fijé en nuestro afamado ministro Corbacho, ese que el propio site del Ministerio señala como bagaje profesional pre político el ser «Profesional del Comercio» sin señalar siquiera si ha estudiado…

¿Por qué está sentado donde está sentado? ¿Porque hay que dejar un hueco en uno de los cuatro lados de la mesa para que los fotógrafos puedan hacer su trabajo?

Si este señor que no sabe ni hablar pero si de bailar supiera de detalles lo que haría es sentarse al lado de los empresarios ¿le dirían algo en su partido? ¿Le quitarían el carné o el puesto de Ministro? Y si incluso no puede ser ¿por qué no sentarse al lado de ZP? Ya, que la mesa es un poco más estrecha en la Presidencia.

No, que los detalles no importan y no hay divisiones entre sindicatos, CEOE y Gobierno para acabar con el paro y el Ministro es un tío que además de profesional del trabajo no miente sobre las cifras del paro y encima sabe de futuro

«No creo que lleguemos a los cuatro millones de parados» «Confío en que tal y como dicen los analistas 2009 será un año de ajuste de la  economía»

Por favor, que además de comercio le enseñen modales y detalles. Y le echen.

Ayer escribí…

..en Loogic, la verdad es que me hizo ilusión cuando Javier me lo pidió porque es un ejemplo de superación y de que los emprendedores existen. Sólo estas dos líneas para darle las gracias, ¡os pego el artículo!

Me lo ha preguntado @Loogic y me encanta que me hagan pensar, no porque no lo haga sino porque pongo en un guión pensamientos sueltos y me creo una foto de lo que pienso sobre algo. Allá voy.

Inevitablemente iré por puntos, quizá alguno se junte con otro, pero es que la competencia es un ser sin cuerpo concreto, tiene muchas patas….

1. ¿Me debo volver loco cuándo hago un Business Plan sobre la competencia? Hombre, todo plan de negocio tiene que hablar de la competencia pero poco sé al principio sobre ella. Mi experiencia es que cada día, cada vez que te quitan un cliente es cuando te vas enterando de cómo respiran, y ni ahí sabes de ellos lo suficiente con lo que no pierdas mucho tiempo, ni analizando la competencia ni con el Business Plan que quizá no sirve de tanto 😉

2. Pero ¿es bueno tener competencia? Para mi es mejor que no tenerla, supongo que existen negocios que no tienen competencia pero es de esas cosas que a mi me fallan. ¿Por qué no tengo competencia? ¿Es que soy más listo que nadie? Qué pocos productos y servicios no tienen competencia.

3. Y una vez que descubro que tengo competencia ¿Por qué no aprender de lo bueno? ¿Por qué no copiar cosas buenas? Nos pasamos toda la vida buscando la idea maravillosa que nadie ha hecho y que no tiene competencia pero si la tengo ¿por qué no coger la bueno?

4. Valores diferenciales: Que si, que hay que copiar si se puede y se debe pero lo que está claro es que hay que ser diferentes. Muchas veces es más interesante atacar mercados de nicho que hacerlo a lo grande. ¿Por qué triunfaba autodescuento.com? Sólo coches nuevos, sólo concesionarios oficiales. Y siempre nos ha ido genial!

5. Conocer al contrario todo lo posible. ¿Por qué no irte de cañas con ellos? Cuando tengo oportunidad de conocer a la gente de la competencia voy y me presento. Muchos se sorprenden y a otros no les gusta pero a ti siempre te ayuda. Hace unos meses fuimos al Norte de España y conocí a otro competidor, comimos y fue de lo más ameno. Al principio de la comida me dijo “Hablaremos de toros y fútbol ¿no?” Lo decía en broma y hablamos de todo y fue bueno para los dos, seguro.

6. ¿Cómo los conozco? Internet es una buena fuente de información (Yo uso mucho no sólo los sites y los blogs sino las redes sociales) pero quizá el propio cliente o proveedor te pueda dar también pistas.

7. Respeto 100%. Clave saber que en todos lados hay gente muy buena y que aunque haya que batirles hay que aprender de ellos. Cuando oigo a alguien de mi equipo decir que “somos la leche y los demás no” se me revuelven las tripas porque si eso es así no sé que hago trabajando, tendría que haber vendido la empresa y estar en las Bahamas.

8. Y el final es cuando ya estás on-line, guerreando y de repente los grandes empiezan a saber de ti… Ahí es cuando hay que estar preparado porque cuando le estás quitando un céntimo al grande no le duele pero si ya son euros van a ir a por ti. Una vez oí que la labor del líder de mi sector y de cualquier sector era machacar al segundo para que esté lo más lejos posible. ¿De quién era la frase esa de que prefieres que hablen de ti aunque sea mal? De Oscar Wilde, y competencia tenía…

Con lo que lo dicho y por resumir tres puntos.

  • Competencia si, es buena y se aprende de ella. Aprender de lo bueno.
  • Analizarla en el día a día y tener magníficas relaciones si es posible.
  • Respeto y admiración por lo bueno. ¡Y esperar a que hablen de ti!

Hoy no voy a ser políticamente correcto

Me estoy leyendo el libro de Arturo Pérez-Reverte «Cuando éramos honrados mercenarios». Cada cuatro o cinco años lo compro, o me lo traen sus Majestades de Oriente como esta vez. Para los que no lo sepáis no es más que la recopilación que el escritor español hace de sus artículos que cada fin de semana escribe en el XLSemanal y que puntualmente va publicando en su Web.

Esta mañana, como llovía y quería leer he ido en autobús. Por supuesto había tráfico pero me ha venido bien para leer varios artículos y no atender a los coches. Como estoy empezando pues toca el inicio y me he topado con «Al arte de pedir«que aunque ponga el link también os lo reproduzco y al final pongo mi añadido, mi tazita de hoy.

Qué bonito. El otro día un concejal de no sé qué habló de mendigos y mendigas. Ya hasta la miseria real o presunta debe ser socialmente correcta. Y está bien ponerla al día, la verdad, porque últimamente todo cristo pide algo por la calle. Como antes, pero más. Estás parado en una esquina, sentado en la terraza de un bar, caminas por la acera, bajas las escaleras del metro, y siempre hay alguien que te pide una moneda. Los hay que abordan con tacto exquisito –«si es usted tan amable»–, que lo plantean como un favor puntual –«présteme para el autobús»–, los que se curran el registro del colegueo –«dame argo que ando tieso, pa mí y pal perro»– y diversos etcéteras más, incluidas las rumanas de los semáforos, que no te las quitas de encima ni atropellándolas, y esas Rosarios de rompe y rasga que, cuando rechazas la ramita de romero, te llenan de maldiciones y desean que te salga un cáncer en mal sitio, por malaje. También vuelve un tipo de mendigo que parecía extinguido: el que enseña los muñones como en tiempos de Quevedo, sólo que ahora suele tener acento eslavo o de por ahí. Aunque uno al que veo mucho en la puerta del Sol no sé qué acento tiene, porque va por la calle Preciados con los muñones de los dos brazos al aire y un vasito de máquina de café cogido con los dientes para que le pongan las monedas, soltando unos gemidos infrahumanos que hielan la sangre.

De todos ellos, como creo haberles contado alguna vez, los que nunca me sacan un céntimo son los llorones: los que se ponen de rodillas gritando que tienen hambre, o sitúan un Cristo o una Virgen delante, los brazos en cruz y el rostro inclinado entre la supuesta oración y la supuesta vergüenza por tener que pedir para que coman sus hijos; como uno que no me extraña que tenga hambre, porque lleva diez años arrodillado con su estampita junto a un lujoso hotel de Madrid en vez de buscar trabajo en la obra más cercana, que está llena de inmigrantes con casco, ganarse el pan y comer algo. Tampoco me gustan los que piden con malos modos o mala sombra, por la cara. Si me van a sacar viruta, pienso, al menos que se la trajinen. No hace mucho, paseando una noche con Javier Marías, nos abordó un sujeto con malos modos y acento extranjero. Al decirle que no, el jambo se puso delante cortándonos el paso y nos soltó: «Maricones». Cuando me disponía a darle una patada en los huevos, Javier se interpuso, metió la mano en el bolsillo y aflojó un euro. «Por perspicaz», le dijo con mucho humor. Fuese el otro, y no hubo nada. Y es que el rey de Redonda es así: pacífico. Y lleva suelto.

A otros, en cambio, si se lo curran, les das la camisa. Es cuestión de oportunidad y de concepto. De arte. El caso más espléndido me ocurrió hace poco en Cádiz. Salía con mi compadre Óscar Lobato de comer en El Faro, en el barrio de la Viña; y cerca de allí había en la acera, junto a un portal, un fulano sentado en un sillón de cretona con cabezal de ganchillo: un sillón casero de toda la vida, sacado afuera, supongo, para que su propietario tomara el fresco. Y el propietario en cuestión estaba a tono: chándal, zapatillas, treinta y tantos años largos, tatuaje carcelario en la mano, un pitillo en la boca. Imagínense la escena, el tipo sentado en el sillón, la ropa tendida, las marujas de charla en los balcones, las palomas picoteando restos de bollicao en el suelo. «Denme argo, caballeros», dijo el fulano cuando pasamos por delante, sin moverse y con mucha educación. Óscar, que es de la tierra, se detuvo ante él, lo miró con una cara muy seria y la guasa en sus ojos de zorro veterano, y comentó: «¿Hace calor dentro, verdad?». Y el del sillón dijo: «Jorrorozo». Óscar introdujo con parsimonia la mano en el bolsillo. «Tú eres de Cádiz, claro», apuntó. Y el otro, sosteniéndole la mirada imperturbable, respondió: «De Cai, zizeñó. Y a musha jonra». Mi compadre le dio un euro, yo otro, y cuando echamos de nuevo a andar, el pavo se puso en pie, fue caminando un trecho detrás, y al cabo lo vimos cruzar la calle y meterse tranquilamente en un bar, a invertir el capital: uno de esos sitios con barriles de cerveza en la puerta, mucho tío dentro, mostrador de cinc y fotos de equipos de fútbol en la pared. Nos lo quedamos mirando, y al fin Óscar, con un suspiro, murmuró: «Cádiz». Y luego, con una sonrisa: «Cómo no le vas a dar. A la criatura».

La tazita es que este tema se está recrudeciendo y me joroba, me jode vaya, en castizo Revertiano.

¿Qué me jode? Me jode que no somos un país luchador, lo hemos dejado de ser. Hemos perdido la fuerza de nuestros antepasados que se pusieron el mundo por montera, mundo en el que no se ponía y el sol y nos dedicamos a no pelear por algo sino por joder al de al lado. Por supuesto que si no no tengo al de al lado para pelear pido o robo, que para qué vamos a luchar si nadie lo hace.

¿Qué hace falta? ¿Qué hay que hacer? ¿Necesitamos algo fuerte fuerte para reaccionar? Fuerte fuerte fue el 11-M y ni con esas, humeaban los trenes y ya estaban PP y PSOE machacándose.

Y al final esto es como los hijos, si no das ejemplo nunca pidas que tu hijo sea alguien razonable.

Por mi cercanía a muchas realidades conozco casos que necesariamente requieren ayuda externa, mendicante. Y ahora viene la burrada políticamente incorrecta: A pesar de conocer esos casos también me atrevo a decir que la mayoría de la gente que pide dinero en la calle de cualquier manera es alguien que lo hace porque si, porque es lo más fácil ¿para qué trabajar? ¡Si encima si te pones tonto y reúnes unos requisitos te dan 420 euros!A los pobres de verdad no se les ve en la calle, a veces porque estos mismos caraduras no les dejarían los sitios «buenos»…

Daros una vuelta por las ciudades y mirar a los pobres. No a los pobres que no se ven, sino a «los de siempre» ¿Quién te encuentras en tu semáforo? ¿Siempre el mismo puntual con la misma cantinela? ¿No te preguntas si a los que nos los encontramos de verdad son los que están «trabajando»?

Necesitamos cultivar el esfuerzo, desde abajo, desde casa. Que cuando tu hijo tenga que hacer un esfuerzo lo haga y no sean ellos el centro del mundo. Sólo así podremos cambiar esta inercia que nos lleva a una guerra, a una depresión o un Argentina Europea.

Hala, he dicho. Me voy a trabajar que si sigo pensando sigo diciendo burradas (y chorradas)

Soy un «jefe» muy raro ¿no?

El otro día le conté a un amigo cuáles eran mis usos como «jefe» y me miraba con cara de pasmado, como si para él esto fuera de locos, de raros, no sé. ¿Y por qué? No es que haga cosas raras pero si cosas que quizá están fuera de uso para un «jefe» de los de toda la vida. De hecho lo primero que le sorprende a la gente de mí es que ni en mi mail ni en mis tarjetas no pone cargo, ni CEO, ni socio, ni Director General, ni «jefe», ni ná!

¿Qué más cosas son «raras» en mí?:

  1. Me siento con todo el mundo, en una sala grande, no es la primera vez que hablo de mi sitio de trabajo y esto no es muy raro pero bueno, primer síntoma. Para mi es muy importante por muchos motivos: porque no necesitas grandes despachos como el que yo tenía ni cosas que esconder, porque apoyas a tus trabajadores y porque además te ven trabajar más que a nadie con lo que das ejemplo.
  2. Uno con el primer punto: Trabajo más que casi todos los trabajadores de coches.com Ojo que para mi esto no es algo de lo que aprender pero hay pocos trabajadores que estén a mi altura, en este momento sólo Nuño, que trabajen lo que yo. Quizá esto no sea un raso de un «jefe» sino de un imbécil o de un emprendedor pero vaya, que trabajo mucho.
  3. Sigo enlazando con puntos anteriores: A principio de año pensé que me podría bajar el sueldo y lo hice, por si acaso, todo el mundo pintaba como horrible el año y por si acaso lo hice. Es verdad que las cosas han salido fenomenal y que podían haber salido igual de bien si hubiera cobrado lo que cobraba en el ejercicio anterior pero lo hice un poco por principios, yo me podía bajar el sueldo porque no necesito mucho dinero para vivir y así lo hice. Ni que decir que nadie en la oficina le pasó lo que a mi.
  4. Friego, barro, ordeno… Cuando a Arrola le da por ordenar no hay quien me aguante. Soy de los maniáticos del orden (el otro día hice un mercadillo de cosas sobrantes de la oficina, seguro que todo el mundo terminó hasta las nerices de mi) Pero es que me molesta ver cosas que no están donde están y que tampoco están en la basura si deben estarlo. Y creo que tener un sitio de trabajo ordenado hace tener el coco ordenado y trabajar más eficazmente. Otro día escribiré de este tema pero es que incluso el tener el ordenador organizado, saber manejar herramientas tontas de ofimática ayuda a mejorar la productividad. Mucho.
  5. Regalos de trabajo: Raro es el regalo que no reparto entre mi equipo. Y no porque no lo valoro, me encanta que me regalen y lo agradezco muchísimo pero en principio no me quiero quedar nada. Prefiero que le llegue a la gente que tiene el mismo mérito o más que yo y que normalmente recibe menos con lo que o lo regalo o lo disfrutamos juntos (que a veces pasa). Digno de grabar es la cara del recién llegado a la empresa cuando ve que su «jefe» le regala algo que no era para él 🙂
  6. Cesta de Navidad: ¡Tampoco he tenido cesta de navidad en la oficina! Todo el mundo ha tenido un detalle, todos los años se hace, pero lo mismo que en un punto anterior. No necesito de una cesta para ser feliz y por eso no me la regalo.
  7. Otra paradoja es que mandaré lo que mando en coches.com pero coche de empresa pues no, va a ser que no (De hecho en casa sólo tenemos un coche y es prestado)

Además de estas cosas tengo otras, muchas malas y supongo que soy tan insoportable como muchos «jefes» pero en esto dicen que soy raro ¿Qué te parece? ¿Lo soy?

Sobre la vivienda, por qué creo que queda mucho por caer

Cada vez leo menos blogs de una manera «natural», cada vez uso menos el Netvibes y más Twitter como manera de seguir la actualidad y las mañanas que no voy andando por el Retiro suelo enredar con el Ubertwitter mientras hago el recorrido en el autobús 20 que me deja en Cibeles, al lado de nuestra ofi en la Plaza de las Salesas. (Qué frase más larga)

Y ayer por la mañana me he encontrado con una noticia de idealista news en mi mail que me ha llamado tanto la atención…  «Corbacho, otro ministro que anima a comprar casa», ¡pardiez! He pensado, si este señor, que tiene un curriculum vitae espectacular, que ha estudiado en las mejores escuelas de negocio y universidades del mundo lo dice hay que ir ahorrando y dejarse de inversiones alternativas ¿no?

Espera Iñaki, que Corbacho tiene este currículo colgado en la web del Ministerio de Trabajo y que sus grandes hitos educativos son:

  • Profesional del comercio.

Vaya, pensé que para ser Ministro convendría tener más conocimientos de algo y no tener más bagaje que «tareas de responsabilidad en un consistorio», «comprometido con el municipalismo y sus retos». No seré malo que por lo menos bailar sabe y si sabe bailar seguro que sabe de pisos.

Sé que el Illuminati del Ministro se escuda en la deducción pero entiendo que piensa que no va a caer porque si compro una casa con un ITP del 7% y además cae ni deducción ni historias. Al final para mi lo importante es que no es sólo Celestino Corbacho el que piensa que esto ha dejado de caer sino que se ven cosas como las que he visto en mis padres, a los que quiero mucho y nada tienen que ver con el fiera del ministro, pero que os paso a contar.

Hace ya mucho, por lo menos cinco años, mis padres pusieron a la venta su casa por una barbaridad de dinero. Decían, y no les faltaba razón que si llegaba algún loco a comprarla pues eso, que se la venderían y ya pensarían qué comprar, qué hacer con el dinero.

Entre medias llegó la crisis, la gran caída de precios que llevamos entre pecho y espalda pero eso si, ellos seguían con un precio como el inicial y vaya, que si caía la breva, pues fenomenal.

Y de repente cayó, hace unos meses un enamorado de la casa, del barrio, de lo que tu quieras se quedó la casa al precio de hace cinco años con una rebaja de un diez por ciento, regalado, vaya.

¿Y ahora qué? Pues mis padres se dedicaron a mirar casas, sin tener claro si comprar o alquilar y al final optaron por alquilar. Ni que decir que yo les decía que ese dinero era mejor que lo disfrutaran trabajando menos, que comprar una casa es un derroche de impuestos, que no era necesario que nos dejaran una herencia, etc.

Al final, después de que el verano se cerniera sobre ellos como la espada de Damocles, se acababa el contrato de arras, lo que encontraron fue una casa en un edificio igual que el que tienen (mismo constructor, mismos metros, mismo jardín, misma zona común) pero en alquiler.

Si sacáramos ella relación entre la mensualidad que les cobran de alquiler en la nueva casa y por cuanto han vendido la suya descontando a favor del alquiler los costes de comunidad mensuales nos sale que para recuperar el dinero que mis padres han ingresado por su casa podrían estar ¡durante 53 años alquilados!

Con esto no voy a llegar a la conclusión de si los pisos están o no caros por la relación con el alquiler porque sé que mis padres además parece que han vendido muy caro. Tampoco soy yo una eminencia en decir razones por las cuales el mercado está haciendo o va a hacer unas cosas u otras o si está bien valorado o no, para eso dejo plumas con más conocimiento y salero que la propia.

Para mi la moraleja viene al final porque ahora que mis padres se plantean qué hacer con el dinero, siguen pensando si deben comprar o no a pesar de tener otras dos casas en propiedad. Pero es que por lo que se lo plantean es por la frase que tenía mi abuela que es de mucha gente y es la de que «el ladrillo siempre sube» y eso es lo que te dice que esto no ha caído todo lo que tiene que caer.

Así de simple, para mi, mientras un indocumentado ponga más énfasis en la deducción fiscal y mis padres, totalmente inteligentes pero con ideas obsoletas, mantengan que el ladrillo siempre sube será de esos mercados que tengan que caer y caer hasta que haya sangre. Cuando nadie piense que esto tiene que subir, ese y sólo ese, será el momento de comprar.

¿Tú que opinas?