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Posts Tagged ‘Familia’

Corro desde mucho antes que al correr le llamaran running. Mucho antes que las crisis de los cuarenta llenara de “marathoners” y “iron men” las calles de nuestras ciudades…

No en vano mi primer maratón lo hice en 1997 con 21 años. Cosas que tenía uno, éramos deportistas y lo hicimos. Porque si. Sin vaselina y sin moda. Con unas zapatillas reguleras, sin reloj de correr, con dos pelotas.

Y ahora que ha pasado el tiempo y ahora que “está de moda” todos los que no corren te preguntan por qué, queriendo entender qué hay detrás. Por qué ellos no y tu si.

Al correr creo que no hay que buscarle muchas vueltas. Es fácil, te gusta o no te gusta, sin más. Si te gusta corres mucho, si no lo dejas. Y eso no quita que en cada inicio de cada maratón uno piense lo de “¿Qué coño hago yo aquí?” pero que quede contrarrestado en el final, con un “¿Cuándo es el siguiente”?. No quita que duela pero quieras más, no quita que cada vez que te levantas a las seis de la mañana, cuando es de noche en Madrid te tengas que acordar de Rise and Shine, ese pedazo vídeo que me sigue poniendo la piel de gallina.

Y no es que quiera responder a esos que te preguntan por qué cuando no se puede. Pero estos días tengo un motivo adicional para correr, para tratar de hacer un reto distinto. La Intermón Trailwalker del próximo cinco de julio. 100 kilómetros duretes por la Sierra de Madrid, en equipo y con un máximo de 32 horas de camino que deberemos completar los cuatro integrantes del equipo a la vez.

100 km de montaña trailwalker Madrid

Puestos a responder por qué correr esta carrera fue, también, porque si. Vi la primera Trailwalker, la que ya se había hecho en Girona y me pareció muy chula. Correr para recaudar dinero para proyectos de Intermón, aglutinando un mínimo de 1.500 euros y hacerlo en compañía de gente que te quisiera acompañar, amigos, compañeros de trabajo, socios, familiares, alguien… Alguien porque al principio me costó encontrar gente. En la ofi de coches me decían que estoy loco y por mucho que preguntara a mi alrededor no era fácil.

Hasta que di con mi equipazo, hasta que me dijeron que si Sergio, Ricardo y Eloy. Socio, amigo de socio y primo, una mezcla rara pero perfecta, alineada a tope para disfrutar en el camino y para de paso tener y poder dar un motivo. Recaudar dinero para proyectos como estos.

Con lo que lo dicho. Ya tengo un motivo más y claro, estas líneas son también para animarte a si quieres, que aportes a esos proyectos. Que apoyes desde este link a nuestro equipo. Cuanto más dinero mejor, correremos más felices, con más motivos.

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Fruta y coches.com

No soy el mejor fundador ni el mejor CEO, ni ejemplo en casi nada pero a veces uso estas líneas, que son mías, para contar cosas que hago. Por si ayudan.

En las empresas a veces falta comunicación. Pequeñas, medianas y grandes, da igual el tamaño. Y no tiene por qué ser por opacidad sino que muchas veces la velocidad hace que no se cuente todo lo que se debería contar, o al menos lo que el empleado querría escuchar. Números de la empresa, objetivos, por qué se hacen unas cosas y otras no…

Y eso trato de solucionarlo una vez al mes con lo que llamo Aló Presidente, programa del que seguro que alguna vez escuchaste por las cosas curiosas que pasaban en él.

¿Y qué es el “Aló Presidente” en coches?

Fácil: Primer miércoles del mes, diez de la mañana. Aquí el Subcomandante Arrola se invita a desayunar en la oficina, ordenador abierto, una hora y media para que quien quiera de la oficina venga a hablar de lo que quiera, de negocio o incluso de mí personalmente, de política, de fútbol, de… Y cuando digo hablar de lo que quiera es dando todos los datos que sean necesarios de la empresa, trasparencia total.

Al principio miedos, dudas, qué voy a decirle al jefe. Pero lo normal es un desayuno trasparente en el que viene gente aunque sea a hacer la broma de “yo solo vengo a comer”. Y queda ponerte a disposición de lo que surja en cada momento con todos los que se acercan.

Ah! Hoy hay fruta que ya vale de tanto bollo!

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Detalles…

Maraton

Para correr una maratón hace falta cuidar los detalles. Muchas semanas de entrenamiento, de frío, de madrugones. Muchas series, muchas cuestas, y esta vez pocas tiradas largas. Una semana pensando que iba a llover, una semana de cálculos para que no te llegue el muro, para batir tu mejor tiempo. Detalles, muchísimos detalles…

El día del maratón de Madrid es perfecto para correr, perfecto si vas bien. Cada kilómetro es una guerra, cada avituallamiento, cada cosa pesa, cada detalle puede ser crucial. Y todo va saliendo perfecto hasta que en el kilómetro treinta y cuatro las piernas de repente no van, el corazón no tiene problemas pero es como si no fueran tus piernas, como si te las hubieran robado.

Y te cabreas al llegar, cuando llegas mareado después de ocho kilómetros infernales. Has hecho 3:43 cuando en 2012 hiciste 3:38 casi sin entrenar. Pero esto es así. Filípides y su muro te cazan cuando menos te lo esperas. Porque no es un tema de entrenamientos sino casi de suerte, de algo que ha fallado, de un detalle ¿quizá la suerte?. Hoy ha tocado, hoy te quedarás muy lejos de tu mejor tiempo y aunque habrá más ocasiones oye, has entrenado mucho y te j… que justo te toque cuando estabas más fino, cuando habías batido por mucho tu récord de media maratón. Cuando cada cosa estaba medida hasta la extenuación.

Y aunque estás agradecido de que te hayan ido a ver tus tres hijos y tu mujer, aunque hayan pasado por tres sitios del recorrido sólo por verte unos segundos, te sigue quedando mal recuerdo porque algo ha fallado.

Y llega la tarde y mi mujer me cuenta que un chico muy majo hacía fotos en Ferraz, en el segundo sitio donde me fueron a ver. Y como mi hijo mediano chocaba con muchos corredores le hizo un montón de fotos. Y como su madre aplaudía especialmente cuando pasó uno de rojo le ofreció pasarle por mail aquellas fotos en las que salían. El hijo, la madre y el padre.

Y cuando te llega la foto te das cuenta que ese era el único detalle que importaba de la maratón. Esa mirada, esa palmada. Gracias Myriam, gracias Arturo, gracias Jon.

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Sigo cañero, sigo limón. Hoy va de cosas claras, hoy va de acción.

Y es que sigo viendo mucho desánimo, mucho “con la que está cayendo” y creo que hay que trabajar y animarse. Creo que con mucho esfuerzo, una sonrisa y una “actitud zen” todo cambia pero creo que desgraciadamente en este país no basta con esto, se necesita algo más.

Porque esta España que a muchos nos duele es una España acostumbrada, acostumbrada a que corra el vino, a que la noche sea larga y sea VISA quien corre con la fiesta. Y cuando VISA y quien nos ha dejado el dinero lo piden de vuelta pues oye, que qué injusticia, que los mercados nos atacan, que por qué, que si somos serios, ya, ya… Vamos allá.

¿Y qué nos falta?

Lo primero una declaración de intenciones, lo segundo, vendrá otro día pero va de ir contra quien hace las cosas mal, hasta el extremo. Que nos den a todos con el palo cuando nos equivocamos y que cada uno de nosotros podamos hacer algo cuando lo veamos, pero eso como digo viene otro día.

Hoy me separo del callarme y sólo dar ejemplo, hoy me rebelo levantando la voz. Hoy me uno a gente como Alberto Artero y a su tan actual “Españoles, rebelión o hundimiento, ustedes eligen” y a David Bonilla y su hashtag #weareatwar y a su declaración de intenciones. También estoy seguro que seré un empujón más para mucha gente que piensa lo mismo que yo. Que tenemos mucho que decir juntos y que ya vale de solo callar y dar ejemplo.

Y como va de declaración de intenciones voy a enumerar muchas cosas en favor de las que estoy y otras contra las que voy a luchar. Ni que decir que no están todas, que no están en orden de importancia y que seguro que hay algunas puntualizables. Si quieres añades, modificas y puntualizas pero empuja en la misma dirección, no vayas en contra, que una coma no sea lo importante, que sea el fondo y no la forma lo que te empuje. Este país aunque no te lo creas te necesita y tu necesitas a este país aunque te duela.

Así a borbotones se me ocurren muchas cosas que quiero…

  • Quiero trabajar, quiero que los lunes sean lunes y que no pase nada. Quiero esforzarme y dar ese ejemplo. Que mis hijos vean lo que yo he visto con mis padres, que la felicidad puede estar también en esto y que no pase nada, que sea un orgullo.
  • Quiero disfrutar, quiero hacerlo con una sonrisa, quiero transmitir alegría a mi alrededor. Quiero que me salgan las cosas bien o mal pero que lo importante sea el camino y no la meta, el medio y no cómo se llega al fin porque llegar se llega.
  • Quiero ser humilde y pensar en todo lo que tengo que aprender. Nunca seré un experto en nada, cuanto más sé de algo más puedo aprender. Quiero huír de los profesionales del vender humo, de aquellos que no dan valor y encima tienen un nombre. Si vales no te lo creas y si no vales no me engañes.
  • Quiero pensar y ayudar a quien quiere trabajar y no aceptar al que no quiere y que se mantiene en los puestos porque si.
  • Quiero ser solidario con el que no tiene. Y quiero siempre que se pueda darle la caña y enseñarle a pescar.
  • Quiero admirar y ensalzar a grandes personas que hay en nuestra sociedad. Quiero que quien gana mucho dinero, por supuesto haciendo las cosas bien, como hoy es noticia Javier Oliván, sea un orgullo para la sociedad y se le ponga como ejemplo.

Y otras que no quiero, otras contra las que estoy

  • No quiero instituciones ni políticos que hacen las cosas mal. Pero tampoco quiero engañarme, tenemos lo que somos y solo cambiando cada uno de nosotros se les cambia a ellos.
  • No quiero desunión entre los españoles. No quiero que en mucha gente siga viva la Guerra Civil, que sea un Madrid contra el Barça, los rojos contra los fachas, el PSOE y el PP. Quiero un país al que no solo lo unan desgracias como la muerte de Miguel Ángel Blanco y los atentados del 11-M
  • No quiero autocomplacencia. Quiero ser muy crítico conmigo mismo, no me quiero engañar. Quiero que los que estén a mi lado, y tu también si quieres, me ayudes y me des toda la caña del mundo cuando no hago las cosas bien. No quiero tener miedo del futuro, quiero cambiar lo que no vea bien en mi y quiero hacerlo con una sonrisa.
  • No quiero aceptar el “todo vale” y quiero ir contra la gente que lo representa. Quiero denunciarte si defraudas en el IVA, si me planteas que te despida para cobrar el paro, si veo que vives en el extranjero y cobras subsidios en España, si tienes empresas que se aprovechan de las administraciones. Y quiero que si yo lo hago me denuncies, que vayas contra mi.
  • No quiero que se deje de castigar al que hace las cosas mal. Quiero que se le castigue con todo el peso de la ley y que esto sea ejemplo también. Si haces las cosas mal pagas.

¿Y tú que quieres?

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Me acuerdo mucho de mi abuelo materno. La verdad es que siempre fue de esos abuelos que quieres tener, por lo que sonríen, por la de bromas que te hacen y en mi caso por lo que siempre me motivaba, por lo mucho que me enseñó.

Fue quien me enseñó jugar al ajedrez y quien me enseñó a perder. A perder porque no recuerdo que me dejara ganar ni una partida y por supuesto nunca se la gané. Siempre que ves un niño te quedas con la duda de qué es mejor para que aprenda, que le dejes ganar alguna vez o que pierda siempre y con eso que aprenda, que luche.

Y la verdad es que cuando ya han hecho unos años desde su muerte no puedo acordarme más de todo lo que perdí con él pero también de todo lo que aprendí. Me enseñó cada movimiento del ajedrez, siempre con ese tablero que él mismo construyó, que solo con él podía tocar y que hoy tengo como regalo, tantos años después de su marcha.

Y hace unos días me he acordado mucho de él, mucho. Me encontré este dibujo que me hizo, esta historia que ya es un mantra para mi, que siempre recuerdo. Parece que de pequeño no me gustaba llevar tirantes. Supongo que es de estas cosas que las madres tienen y mi madre era de tirantes siempre, cinturón nunca. Para mi debía ser un tema recurrente porque mi abuelo, que además de buen abuelo te hacía un dibujo en un segundo, me animaba a llevarlos con un “Los niños que llevan tirantes llegan antes y el niño que lleva cinturón es un bobalicón”

Y hoy solo escribo estas líneas para recordarle y para con esto acordarme de que esto consiste en pelear, en ganar o perder pero en pelear. Si no luchas, si no llevas tirantes te conviertes en bobalicón y claro, pierdes al ajedrez.

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Dos cosas, cortas en cuanto a mi aportación, relacionadas.

La primera me lleva a la segunda. Hoy he visto un vídeo y que ahonda en mi teoría, compartida con muchos, de que hay esperanza y que para ello hay que pelear. No voy a entrar en si es cierto o no, si es un extremismo y si no todos los funcionarios son o no así. Si la figura de la emprendedora (deformación que le doy yo porque no tiene por qué serlo) es un poco exagerada. Para mi lo importante es la actitud de ella, por supuesto novelada, y como digo quizá exagerada ante las barreras que recibe. No hay más moralejas por mi parte, con ver el vídeo sobra.

La segunda parte es igual de fácil y llego a ella por lo que siempre me ha gustado la figura de Churchill y por hilarlo con la chica y el famoso discurso, quizá el más famoso, del primer ministro inglés. El 4 de junio de 1940, en un mundo envuelto en la Segunda Guerra Mundial un recién nombrado primer ministro de un país salvajemente golpeado por la guerra y por los bombarderos alemanes regaló al mundo lo que muchos conocen como “We shall fight on the beaches” o “Blood, toil, tears, and sweat

Imagínate, aunque cueste y aunque repita parte de lo dicho antes. Llegas a primer ministro de un país arrasado por las bombas, no hace ni un mes que acaba de dimitir Neville Chamberlain, y te plantas el discurso que enfervoriza a tu país y que consigue ser recordado hoy mismo. A mi se me pone la piel de gallina…

Antes de dejarte con el discurso y animarte a pasar un buen día una recomendación: Si no has leído nada de Churchill no dejes de hacerlo. Quizá en esto soy muy raro pero para mi hay varios libros que son para leer varias veces en la vida. Uno de ellos es el ¡No nos rendiremos jamás! que no es otro que un recopilatorio de los mejores discursos del famoso Primer Ministro inglés, otro, quizá más profundo y muy muy grande es la biografía de este escrita por Roy Jenkins.

Que pases un buen día, que pelees y que disfrutes el discurso como lo hago yo (por si no lo quieres leer un vídeo más corto)

From the moment that the French defenses at Sedan and on the Meuse were broken at the end of the second week of May, only a rapid retreat to Amiens and the south could have saved the British and French Armies who had entered Belgium at the appeal of the Belgian King; but this strategic fact was not immediately realized. The French High Command hoped they would be able to close the gap, and the Armies of the north were under their orders. Moreover, a retirement of this kind would have involved almost certainly the destruction of the fine Belgian Army of over 20 divisions and the abandonment of the whole of Belgium. Therefore, when the force and scope of the German penetration were realized and when a new French Generalissimo, General Weygand, assumed command in place of General Gamelin, an effort was made by the French and British Armies in Belgium to keep on holding the right hand of the Belgians and to give their own right hand to a newly created French Army which was to have advanced across the Somme in great strength to grasp it.

However, the German eruption swept like a sharp scythe around the right and rear of the Armies of the north. Eight or nine armored divisions, each of about four hundred armored vehicles of different kinds, but carefully assorted to be complementary and divisible into small self-contained units, cut off all communications between us and the main French Armies. It severed our own communications for food and ammunition, which ran first to Amiens and afterwards through Abbeville, and it shore its way up the coast to Boulogne and Calais, and almost to Dunkirk. Behind this armored and mechanized onslaught came a number of German divisions in lorries, and behind them again there plodded comparatively slowly the dull brute mass of the ordinary German Army and German people, always so ready to be led to the trampling down in other lands of liberties and comforts which they have never known in their own.

I have said this armored scythe-stroke almost reached Dunkirk-almost but not quite. Boulogne and Calais were the scenes of desperate fighting. The Guards defended Boulogne for a while and were then withdrawn by orders from this country. The Rifle Brigade, the 60th Rifles, and the Queen Victoria’s Rifles, with a battalion of British tanks and 1,000 Frenchmen, in all about four thousand strong, defended Calais to the last. The British Brigadier was given an hour to surrender. He spurned the offer, and four days of intense street fighting passed before silence reigned over Calais, which marked the end of a memorable resistance. Only 30 unwounded survivors were brought off by the Navy, and we do not know the fate of their comrades. Their sacrifice, however, was not in vain. At least two armored divisions, which otherwise would have been turned against the British Expeditionary Force, had to be sent to overcome them. They have added another page to the glories of the light divisions, and the time gained enabled the Graveline water lines to be flooded and to be held by the French troops.

Thus it was that the port of Dunkirk was kept open. When it was found impossible for the Armies of the north to reopen their communications to Amiens with the main French Armies, only one choice remained. It seemed, indeed, forlorn. The Belgian, British and French Armies were almost surrounded. Their sole line of retreat was to a single port and to its neighboring beaches. They were pressed on every side by heavy attacks and far outnumbered in the air.

When, a week ago today, I asked the House to fix this afternoon as the occasion for a statement, I feared it would be my hard lot to announce the greatest military disaster in our long history. I thought-and some good judges agreed with me-that perhaps 20,000 or 30,000 men might be re-embarked. But it certainly seemed that the whole of the French First Army and the whole of the British Expeditionary Force north of the Amiens-Abbeville gap would be broken up in the open field or else would have to capitulate for lack of food and ammunition. These were the hard and heavy tidings for which I called upon the House and the nation to prepare themselves a week ago. The whole root and core and brain of the British Army, on which and around which we were to build, and are to build, the great British Armies in the later years of the war, seemed about to perish upon the field or to be led into an ignominious and starving captivity.

That was the prospect a week ago. But another blow which might well have proved final was yet to fall upon us. The King of the Belgians had called upon us to come to his aid. Had not this Ruler and his Government severed themselves from the Allies, who rescued their country from extinction in the late war, and had they not sought refuge in what was proved to be a fatal neutrality, the French and British Armies might well at the outset have saved not only Belgium but perhaps even Poland. Yet at the last moment, when Belgium was already invaded, King Leopold called upon us to come to his aid, and even at the last moment we came. He and his brave, efficient Army, nearly half a million strong, guarded our left flank and thus kept open our only line of retreat to the sea. Suddenly, without prior consultation, with the least possible notice, without the advice of his Ministers and upon his own personal act, he sent a plenipotentiary to the German Command, surrendered his Army, and exposed our whole flank and means of retreat.

I asked the House a week ago to suspend its judgment because the facts were not clear, but I do not feel that any reason now exists why we should not form our own opinions upon this pitiful episode. The surrender of the Belgian Army compelled the British at the shortest notice to cover a flank to the sea more than 30 miles in length. Otherwise all would have been cut off, and all would have shared the fate to which King Leopold had condemned the finest Army his country had ever formed. So in doing this and in exposing this flank, as anyone who followed the operations on the map will see, contact was lost between the British and two out of the three corps forming the First French Army, who were still farther from the coast than we were, and it seemed impossible that any large number of Allied troops could reach the coast.

The enemy attacked on all sides with great strength and fierceness, and their main power, the power of their far more numerous Air Force, was thrown into the battle or else concentrated upon Dunkirk and the beaches. Pressing in upon the narrow exit, both from the east and from the west, the enemy began to fire with cannon upon the beaches by which alone the shipping could approach or depart. They sowed magnetic mines in the channels and seas; they sent repeated waves of hostile aircraft, sometimes more than a hundred strong in one formation, to cast their bombs upon the single pier that remained, and upon the sand dunes upon which the troops had their eyes for shelter. Their U-boats, one of which was sunk, and their motor launches took their toll of the vast traffic which now began. For four or five days an intense struggle reigned. All their armored divisions-or what Was left of them-together with great masses of infantry and artillery, hurled themselves in vain upon the ever-narrowing, ever-contracting appendix within which the British and French Armies fought.

Meanwhile, the Royal Navy, with the willing help of countless merchant seamen, strained every nerve to embark the British and Allied troops; 220 light warships and 650 other vessels were engaged. They had to operate upon the difficult coast, often in adverse weather, under an almost ceaseless hail of bombs and an increasing concentration of artillery fire. Nor were the seas, as I have said, themselves free from mines and torpedoes. It was in conditions such as these that our men carried on, with little or no rest, for days and nights on end, making trip after trip across the dangerous waters, bringing with them always men whom they had rescued. The numbers they have brought back are the measure of their devotion and their courage. The hospital ships, which brought off many thousands of British and French wounded, being so plainly marked were a special target for Nazi bombs; but the men and women on board them never faltered in their duty.

Meanwhile, the Royal Air Force, which had already been intervening in the battle, so far as its range would allow, from home bases, now used part of its main metropolitan fighter strength, and struck at the German bombers and at the fighters which in large numbers protected them. This struggle was protracted and fierce. Suddenly the scene has cleared, the crash and thunder has for the moment-but only for the moment-died away. A miracle of deliverance, achieved by valor, by perseverance, by perfect discipline, by faultless service, by resource, by skill, by unconquerable fidelity, is manifest to us all. The enemy was hurled back by the retreating British and French troops. He was so roughly handled that he did not hurry their departure seriously. The Royal Air Force engaged the main strength of the German Air Force, and inflicted upon them losses of at least four to one; and the Navy, using nearly 1,000 ships of all kinds, carried over 335,000 men, French and British, out of the jaws of death and shame, to their native land and to the tasks which lie immediately ahead. We must be very careful not to assign to this deliverance the attributes of a victory. Wars are not won by evacuations. But there was a victory inside this deliverance, which should be noted. It was gained by the Air Force. Many of our soldiers coming back have not seen the Air Force at work; they saw only the bombers which escaped its protective attack. They underrate its achievements. I have heard much talk of this; that is why I go out of my way to say this. I will tell you about it.

This was a great trial of strength between the British and German Air Forces. Can you conceive a greater objective for the Germans in the air than to make evacuation from these beaches impossible, and to sink all these ships which were displayed, almost to the extent of thousands? Could there have been an objective of greater military importance and significance for the whole purpose of the war than this? They tried hard, and they were beaten back; they were frustrated in their task. We got the Army away; and they have paid fourfold for any losses which they have inflicted. Very large formations of German aeroplanes-and we know that they are a very brave race-have turned on several occasions from the attack of one-quarter of their number of the Royal Air Force, and have dispersed in different directions. Twelve aeroplanes have been hunted by two. One aeroplane was driven into the water and cast away by the mere charge of a British aeroplane, which had no more ammunition. All of our types-the Hurricane, the Spitfire and the new Defiant-and all our pilots have been vindicated as superior to what they have at present to face.

When we consider how much greater would be our advantage in defending the air above this Island against an overseas attack, I must say that I find in these facts a sure basis upon which practical and reassuring thoughts may rest. I will pay my tribute to these young airmen. The great French Army was very largely, for the time being, cast back and disturbed by the onrush of a few thousands of armored vehicles. May it not also be that the cause of civilization itself will be defended by the skill and devotion of a few thousand airmen? There never has been, I suppose, in all the world, in all the history of war, such an opportunity for youth. The Knights of the Round Table, the Crusaders, all fall back into the past-not only distant but prosaic; these young men, going forth every morn to guard their native land and all that we stand for, holding in their hands these instruments of colossal and shattering power, of whom it may be said that Every morn brought forth a noble chance And every chance brought forth a noble knight, deserve our gratitude, as do all the brave men who, in so many ways and on so many occasions, are ready, and continue ready to give life and all for their native land.

I return to the Army. In the long series of very fierce battles, now on this front, now on that, fighting on three fronts at once, battles fought by two or three divisions against an equal or somewhat larger number of the enemy, and fought fiercely on some of the old grounds that so many of us knew so well-in these battles our losses in men have exceeded 30,000 killed, wounded and missing. I take occasion to express the sympathy of the House to all who have suffered bereavement or who are still anxious. The President of the Board of Trade [Sir Andrew Duncan] is not here today. His son has been killed, and many in the House have felt the pangs of affliction in the sharpest form. But I will say this about the missing: We have had a large number of wounded come home safely to this country, but I would say about the missing that there may be very many reported missing who will come back home, some day, in one way or another. In the confusion of this fight it is inevitable that many have been left in positions where honor required no further resistance from them.

Against this loss of over 30,000 men, we can set a far heavier loss certainly inflicted upon the enemy. But our losses in material are enormous. We have perhaps lost one-third of the men we lost in the opening days of the battle of 21st March, 1918, but we have lost nearly as many guns — nearly one thousand-and all our transport, all the armored vehicles that were with the Army in the north. This loss will impose a further delay on the expansion of our military strength. That expansion had not been proceeding as far as we had hoped. The best of all we had to give had gone to the British Expeditionary Force, and although they had not the numbers of tanks and some articles of equipment which were desirable, they were a very well and finely equipped Army. They had the first-fruits of all that our industry had to give, and that is gone. And now here is this further delay. How long it will be, how long it will last, depends upon the exertions which we make in this Island. An effort the like of which has never been seen in our records is now being made. Work is proceeding everywhere, night and day, Sundays and week days. Capital and Labor have cast aside their interests, rights, and customs and put them into the common stock. Already the flow of munitions has leaped forward. There is no reason why we should not in a few months overtake the sudden and serious loss that has come upon us, without retarding the development of our general program.

Nevertheless, our thankfulness at the escape of our Army and so many men, whose loved ones have passed through an agonizing week, must not blind us to the fact that what has happened in France and Belgium is a colossal military disaster. The French Army has been weakened, the Belgian Army has been lost, a large part of those fortified lines upon which so much faith had been reposed is gone, many valuable mining districts and factories have passed into the enemy’s possession, the whole of the Channel ports are in his hands, with all the tragic consequences that follow from that, and we must expect another blow to be struck almost immediately at us or at France. We are told that Herr Hitler has a plan for invading the British Isles. This has often been thought of before. When Napoleon lay at Boulogne for a year with his flat-bottomed boats and his Grand Army, he was told by someone. “There are bitter weeds in England.” There are certainly a great many more of them since the British Expeditionary Force returned.

The whole question of home defense against invasion is, of course, powerfully affected by the fact that we have for the time being in this Island incomparably more powerful military forces than we have ever had at any moment in this war or the last. But this will not continue. We shall not be content with a defensive war. We have our duty to our Ally. We have to reconstitute and build up the British Expeditionary Force once again, under its gallant Commander-in-Chief, Lord Gort. All this is in train; but in the interval we must put our defenses in this Island into such a high state of organization that the fewest possible numbers will be required to give effective security and that the largest possible potential of offensive effort may be realized. On this we are now engaged. It will be very convenient, if it be the desire of the House, to enter upon this subject in a secret Session. Not that the government would necessarily be able to reveal in very great detail military secrets, but we like to have our discussions free, without the restraint imposed by the fact that they will be read the next day by the enemy; and the Government would benefit by views freely expressed in all parts of the House by Members with their knowledge of so many different parts of the country. I understand that some request is to be made upon this subject, which will be readily acceded to by His Majesty’s Government.

We have found it necessary to take measures of increasing stringency, not only against enemy aliens and suspicious characters of other nationalities, but also against British subjects who may become a danger or a nuisance should the war be transported to the United Kingdom. I know there are a great many people affected by the orders which we have made who are the passionate enemies of Nazi Germany. I am very sorry for them, but we cannot, at the present time and under the present stress, draw all the distinctions which we should like to do. If parachute landings were attempted and fierce fighting attendant upon them followed, these unfortunate people would be far better out of the way, for their own sakes as well as for ours. There is, however, another class, for which I feel not the slightest sympathy. Parliament has given us the powers to put down Fifth Column activities with a strong hand, and we shall use those powers subject to the supervision and correction of the House, without the slightest hesitation until we are satisfied, and more than satisfied, that this malignancy in our midst has been effectively stamped out.

Turning once again, and this time more generally, to the question of invasion, I would observe that there has never been a period in all these long centuries of which we boast when an absolute guarantee against invasion, still less against serious raids, could have been given to our people. In the days of Napoleon the same wind which would have carried his transports across the Channel might have driven away the blockading fleet. There was always the chance, and it is that chance which has excited and befooled the imaginations of many Continental tyrants. Many are the tales that are told. We are assured that novel methods will be adopted, and when we see the originality of malice, the ingenuity of aggression, which our enemy displays, we may certainly prepare ourselves for every kind of novel stratagem and every kind of brutal and treacherous maneuver. I think that no idea is so outlandish that it should not be considered and viewed with a searching, but at the same time, I hope, with a steady eye. We must never forget the solid assurances of sea power and those which belong to air power if it can be locally exercised.

I have, myself, full confidence that if all do their duty, if nothing is neglected, and if the best arrangements are made, as they are being made, we shall prove ourselves once again able to defend our Island home, to ride out the storm of war, and to outlive the menace of tyranny, if necessary for years, if necessary alone. At any rate, that is what we are going to try to do. That is the resolve of His Majesty’s Government-every man of them. That is the will of Parliament and the nation. The British Empire and the French Republic, linked together in their cause and in their need, will defend to the death their native soil, aiding each other like good comrades to the utmost of their strength. Even though large tracts of Europe and many old and famous States have fallen or may fall into the grip of the Gestapo and all the odious apparatus of Nazi rule, we shall not flag or fail. We shall go on to the end, we shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our Island, whatever the cost may be, we shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender, and even if, which I do not for a moment believe, this Island or a large part of it were subjugated and starving, then our Empire beyond the seas, armed and guarded by the British Fleet, would carry on the struggle, until, in God’s good time, the New World, with all its power and might, steps forth to the rescue and the liberation of the old.

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El pasado miércoles 23 Enrique Dans me dio la oportunidad de participar como ponente en lo que dentro del Instituto de Empresa se denomina IE Tech Startup. Se trata de un electivo que Enrique ha desarrollado dirigido a los alumnos del International MBA y que titula “Managing the tech startup”.

La idea del curso es basicamente que sea práctico. Que alumnos internacionales (veintidós nacionalidades en concreto) escuchen la experiencia emprendedora de emprendedores que Enrique invita para charlar sobre un tema en concreto. Cada encuentro tiene carácter bidireccional y en cada uno Enrique anima a los alumnos a que compartan sus experiencias en sus blogs y que lo hagan también vía Twitter y demás medios sociales. Como muchos de ellos están empezando a emprender el valor de escuchar experiencias de primera mano enriquece inmensamente a quien está empezando (y por supuesto al que como yo le toca estar en la pizarra).

La experiencia fue magnífica y, como en muchas cosas, me sentí pequeño al lado de otros ponentes que participan o participarán otros días. Hasta lo que Enrique ha publicado han pasado o van a pasar por la clase Julio Alonso (fundador de Weblogs SL), Jorge Mata, Jesús Encinar (Idealista, 11870) Bernardo Hernández (Tuenti, Stepone), Gabriel Aldámiz-Echavarria (Chicisimo)…

Al terminar la clase me quedé con sabor dulce pero también con algo de amargor. La parte dulce es obviamente la propia experiencia, y eso que fue en inglés que cada día voy perdiendo. Lo obvio y lo dulce, aunque no por ello quiero dejar de volver a transmitirlo, es valorar la labor de Enrique y del Instituto de Empresa que cada día demuestran por qué están donde están. Lo no tan obvio y un poco amargo es tratar de pensar qué tiene que cambiar para que en los colegios y en las universidades españolas consigamos estar a la altura de nuestras escuelas de negocio que por algo están a la vanguardia de muchas clasificaciones mundiales.

¿Es que no nos damos cuenta que quizá el mayor problema nacional es un problema de fondo de educación hacia abajo? ¿Es que no vemos que tenemos que fomentar un sistema educativo distinto que prime la practicidad y no tanto el empollar por empollar? Entiendo que el “empollar” aporta algo más que aprender cosas de memoria, es una disciplina para hacer las cosas pero ¿dónde está la práctica de la Universidad? Y lo que llaman práctica ¿lo es de verdad?

Desde pequeño he valorado, porque me lo han inculcado, el esfuerzo y el que las cosas se ganan por algo y de las pocas cosas (métodos) lectivas que me acuerdo de colegio (Jesuítas) y universidad (CEU) es de empollar, poco de vida práctica. Queremos montar una sociedad con valores desde unos colegios y unas universidades en los que para mi ya no prima el esfuerzo y donde cada vez es más fácil aprobar y donde el pobre profesorado, que es machacado hasta físicamente, enseña mucha teoría y poca práctica.

Lo malo es que esto es culpa de nosotros como sociedad representada en unos políticos fuera de juego con unos intereses propios y que no piensan en futuro sino en como mucho largo plazo de legislatura. Ni que decir que esos políticos poca necesidad verán de estudiar y de que la educación sea práctica cuando muchos de ellos no han estudiado nada aparte del colegio y su único bagaje profesional es el político y no el empresarial.

¿Tú que piensas? ¿Hay salida? Yo creo que si pero hay que remar ¡mucho!

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