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Posts Tagged ‘crisis’

Me encontré el martes pasado, al salir de una comida, a un emprendedor al que tengo mucho aprecio, de los que es tan cercano que podría ser amigo, de hecho es amigo de algún familiar.

Y me dijo que cerraba, que justo al día siguiente presentaba concurso de acreedores. Estaba sereno, como es el, sabía por qué no habían salido las cosas, nada de tristeza. Lo normal es esto, que las cosas no salgan y eso que mucha gente quiere vendernos otra cosa.

Y claro, le pregunté qué iba a hacer. Es alguien al que consideras tanto que siempre quieres saber donde va a andar, porque alguna le va a salir bien. Me dijo dos cosas, una que esperaba y otra que no.

La que esperaba que tenía claro que iba a montar otra empresa y que lo haría en el mundo de Internet.

La que no esperaba fue algo así como: “Hace treinta años los Florentino, Entrecanales, Villar Mir y demás acertaron montando empresas en el mundo de la construcción, donde no había nada. Hoy son parte de las personas más poderosas de España. Dentro de treinta años esos empresarios serán los que hoy está montando empresas de Internet. Por eso quiero estar ahí”

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Comercial concesionario de coches

Cuando cierre, el último recibo que deje de pagar será el de la luz. El penúltimo, la publicidad en coches.com

Internet se ha cargado nuestro modelo de negocio. Por mi como si a coches.com le ponen una bomba. Os avisaría pero nos vendría fenomenal.

Dos visiones distintas: Un concesionario que vende la mitad de sus coches nuevos a través de nuestra web y otro que ve como Internet le va comiendo su negocio y no reacciona. El que se adaptó y el que se defiende sin subirse a lo que hoy parece imparable. Y con esto surge la duda de siempre. Si el modelo de venta de coches en concesionario tiene futuro o no. Si Internet va a acabar con el comercial de coches y con unas inversiones impresionantes. Y aunque te encuentras con opiniones de gente que considero mucho más lista que yo pienso que es algo híbrido lo que puede llegar a pasar. No me creo en el corto plazo el cambio aunque estaremos preparados. ¿Por qué creo que no va a cambiar por el momento en España el modelo de venta de coches? ¿Por qué por ahora no?

  • La crisis ha acentuado la mayor dimensión de los grupos fuertes de concesionarios lo que hace a la marca dependiente de estos, más aún que antes.
  • Se necesita siempre, porque la marca lo quiere, una entrega muy mimada del coche y unas instalaciones donde arreglar los coches (si bien es cierto que cada vez se deberían estropear menos con la duda de siempre de si las marcas deberían incurrir en la famosa obsolescencia programada)
  • No veo a muchas marcas de coches capaces de vender coches por Internet, al menos a corto plazo en España. Algunas se sienten aún fuera del negocio y no lo entienden.

Esto no es un no, es un “mucho más gradualmente de lo que pensamos” Sabemos que con todo llegará a España y por eso nos llamamos como nos llamamos pero creemos que falta mucho y que pasará por un acuerdo entre grandes grupos de concesionarios. El tiempo lo dirá. Como casi todo.

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No, claro que no. En España, ni en casi ningún país del mundo, se venden coches a través de Internet porque los que venden coches hoy son los concesionarios. El modelo de distribución es el que es y la relación marca – concesionario es la que regula el canal a través del que se venden los coches.

Pero algo ha cambiado en los últimos años. Lo que lleva mucho tiempo pasando en los coches usados ha explotado en los coches nuevos.

Ya no hay gente dando vueltas por las exposiciones de coches nuevos. Eso se ha muerto. La crisis e Internet se lo ha llevado por delante, la pelea por atraer al comprador está en Internet. Si consigues al cliente on-line puedes vender coches, si no estás en Internet estás muerto ¿o quizá es que no sabes aún que te estás muriendo?

Hombre, eres el máximo accionista de coches.com. ¿Qué vas a poder aportar?

Un gráfico: En la línea azul las ventas de coches nuevos desde enero de 2009 hasta diciembre de 2013, en la roja las compras que nuestros usuarios nos dicen que han realizado en los mismos meses en los concesionarios de coches nuevos anunciados en coches.com.

Ventas de coches en España

Algún comentario adicional: Lanzamos coches.com en los primeros meses de 2009 con lo que por eso no comparamos más tiempo, más meses. No aparece en el gráfico el gran desplome de las ventas de coches en España y si el periodo de estabilización, con cierta tendencia bajista, que llevamos viendo en los últimos cuatro años. ¡Ah! ¡Dos pistas más: Ni hay escala en la línea roja (aposta) ni deberías pensar que el dato de 2009 era cero que para eso llevamos desde 2004 dando guerra…

¿Y el futuro? Nadie lo sabe. Hoy el canal de atracción de clientes hacia el concesionario es Internet y estamos muy contentos aportando tanto valor. Lo que pase en unos años nos encantará conducirlo…

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Así va el país…

Tapados

En un taxi. Me dice el taxista que si me hace la factura por un importe mayor para poder meterla en la empresa y nos repartimos la diferencia. Así va el país…

Algo así era un tweet que leí el otro día. Tenía por entonces unos 600 retuits lo que, si no estás acostumbrado a Twitter, mayoritariamente representa gente que lo reenvía porque está de acuerdo. Y nadie la había preguntado, creo recordar que era un cantante famoso el que lo escribía, que por qué no le había dicho al taxista que le parecía mal y que esas cosas no las veía.

Porque es más fácil decir que el país está muy mal que afrontar que solo dando ejemplo y haciendo contra a lo que creamos que está mal cambiaremos esto. Es muy fácil poner un tweet y ser súper revolucionario que decirle al taxista que te parece fatal.

La corrupción, menudo problemón.  Que si Bárcenas, que si la Junta de Andalucía, Urdangarín… Claro, es que estamos en un país en el que todos los corruptos son malísimos y los de abajo somos buenísimos.

Pues no, tu tienes culpa de esto por hacer o por callar. Como yo. Los políticos que tenemos son la representación de país que tenemos. Y esto, aunque suene naíf, sólo lo cambiamos entre todos, desde abajo.  ¿vas a seguir solo haciendo retuits?

Yo paso.

Actualización 10/3/13: No me acordaba del tweet pero lo he encontrado de casualidad. Julián López. Actor y músico. 236.632 seguidores. 464 retweets, 57 favoritos. Sólo yo le pregunté…

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14 de noviembre de 2012. Huelga general.Una España que lo pasa mal por la culpa de casi todos.

Derecho a trabajar y derecho a la huelga se encuentran en las calles de Madrid. Gente que va a trabajar, muchos que no, piquetes que informan con normalidad y escenas como esta.

Estoy seguro que cuando hayas visto el vídeo tendrás una primera reacción, la mía fue de rabia e impotencia. La verdad me hubiera gustado estar ahí y no se cómo hubiera reaccionado. Lo de la mujer me pareció épico, ni una palabra, a esperar a que escampara pero entre los gritos y el negocio. Ella estaba para defenderlo.

Ese día reaccioné en Twitter diciendo que prometido, que iría a comer un día unos montaditos a ese restaurante, creía que era una manera de apoyar esa epicidad, de decir que yo a quien apoyo es a quien hace las cosas así. A quien quiere trabajar y ni siquiera ante insultos se mueve.

Las reacciones en Twitter fueron dispares. En su mayoría de apoyo por lo obvio: quien me sigue en su mayoría sabe como soy y salvo excepciones no pensará radicalmente contrario a mi. Pero también hubo gente que decía que no, que el problema era que la información era sesgada porque el vídeo era de un medio eminentemente derechista, que ella sabía que había cámaras, que lo valiente es pelear y que estar trabajando o mirando es de cobardes, que…

Y por eso escribo hoy este post, por eso voy a comer allí. Nos falta dar ejemplo contrario y decir lo que muchos creemos. Que el esfuerzo no me tiene por qué disgustar y que nadie da duros a pesetas. Que seguro que hay cosas que puedes hacer mejor y que la crisis también es culpa tuya. Algo habrás hecho no del todo bien, aunque sea por omisión.

¿Y cuándo he quedado a comer en el Cien Montaditos de Gran Vía 63? Este martes 20 a las 14:30. Curiosamente la convocatoria empezó con el director de uno de los mayores competidores de coches.com con el que siempre he tenido una magnífica relación. Hoy ya somos unos cuantos.

¿Te vienes? Soy consciente que los que gritaban no representan a la mayoría que ese día no quería trabajar, que este gesto seguro que no sirva para nada pero también que hay que sembrar. Quizá algún día alguno de mis tres hijos lo lea y le guste. A mi con esto me sobra.

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Los emprendedores estamos de moda, los emprendedores, empresarios o lo que seamos, que ya no se ni lo que soy :)

En esta moda los políticos quizá interesadamente nos dan bola. Hace unos días estuvimos unos cuantos con Rubalcaba, la semana que viene estoy invitado al Ministerio de Ciencia y Tecnología con la Ministra Cristina Garmedia, parece que también Rajoy nos hará un hueco en su apretada agenda… ¡Que de cosas! ¿Será que estamos en campaña electoral?

La primera impresión fue esa, que se hacía por propaganda electoral. Pero también pensaba que era algo a no desaprovechar, si hoy nos dan un altavoz es para usarlo y por ello me uní en la elaboración de un documento que resumiera cosas que vemos necesarias y que si quieres puedes apoyar aquí.

¿Me acompañas? ¿Nos acompañas?

Manifiesto Emprende España

Como emprendedores que hemos establecido nuestros proyectos en España, queremos tomar un papel activo y constructivo dada la situación económica y social actual.

El Manifiesto Emprende España, es una declaración de confianza en el futuro de España y una propuesta de acción dirigida a toda la sociedad, incluyendo a quienes tendrán la responsabilidad de gobernar el próximo 20N, así como a quienes tengan la tarea de controlar el gobierno desde la oposición.

Estamos convencidos de que España puede y debe recuperar la senda del crecimiento y la creación de empleo. Para lograrlo, necesitamos promover el espíritu emprendedor como motor de nuevos empleos y fuente inagotable de innovación.

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España ha sido y es un país de emprendedores. Individuos con talento, creatividad y capacidad de esfuerzo, que buscan oportunidades ante la adversidad y encuentran modos innovadores de resolver sus problemas y los de los demás, generando riqueza para su empresa y su país.

Los emprendedores somos personas anónimas, que buscamos realizar nuestros propios sueños con la ambición de crear algo valioso para la sociedad.

Creemos y aplicamos a diario la cultura de la responsabilidad, constancia, transparencia, apoyo mutuo, tolerancia al riesgo y aceptación del fracaso como elementos básicos para alcanzar grandes metas.

No tenemos miedo y sabemos pensar a lo grande, para desarrollar nuestros proyectos y expandir nuestras ideas con mentalidad global.

Somos conscientes de que carecemos de valor sin nuestros empleados, clientes, socios e inversores. Creemos en la sociedad civil y en su poder para definir su propio destino. Tenemos el compromiso de crear empleo, riqueza y transmitir nuestros valores a las generaciones futuras. Somos un pilar fundamental en el desarrollo de nuestro país y asumimos nuestro papel con responsabilidad.

Somos frágiles y escasos pero valientes y necesarios. No queremos que nos utilicen ni nos dirijan, pretendemos que nos entiendan, nos apoyen y que no se pongan trabas en nuestro camino.

Nuestro éxito será el éxito de todos, porque crearemos riqueza y devolveremos a la sociedad lo que hemos recibido de ella al ayudarnos en nuestra aventura.

Propuesta de acción

Dada la fragilidad de las empresas en sus primeros años de vida, es necesario crear un entorno que facilite su supervivencia. Hemos identificado tres líneas de actuación que creemos son fundamentales para potenciar la creación de empresas y la dinamización de la economía: (i) fomento y canalización de la inversión, (ii) gestión del talento y (iii) creación de un mercado que favorezca el nacimiento y desarrollo de nuevas empresas.

A. FOMENTO DE LA INVERSIÓN

Buscamos crear las condiciones para que afloren iniciativas emprendedoras de alto potencial. Esto exige desarrollar una industria de inversores de capital riesgo y business angels capaz de apoyar a empresas en sus fases más tempranas. Creemos que los fondos públicos deben orientarse prioritariamente a favorecer el desarrollo de esa industria.

Cómo:

  • Integración de los fondos públicos existentes (tanto nacionales como regionales) en una sola Agencia, y fomentar la canalización de estos fondos mediante la gestión por inversores privados especializados que coinviertan con sus propios fondos con remuneración variable (vía carried interest, etc) como parte principal de sus ingresos.
  • Concentración de las ayudas públicas en las fases iniciales de los proyectos y en la atención a las pymes. Las pequeñas empresas están, cualitativamente, mucho más necesitadas de financiación que las grandes corporaciones, con mayores recursos propios, facilidades de acceso al dinero y menor riesgo de que sus decisiones de diversificación fracasen.
  • Estímulo a la inversión ajena en proyectos de nueva creación, a través de la desgravación de rentas para capital invertido en nuevas empresas (menores de 5 años).
  • Regulación de la fiscalidad de los Business Angels, por la que se permita tanto la compensación de las inversiones fallidas con las plusvalías generadas y una exención del pago de plusvalías cuando los beneficios de una venta se reinviertan en menos de 12 meses en otras startups. Igualando la fiscalidad de inversores en StartUps a inversores profesionales.
  • Incentivo de buenas prácticas empresariales e investigadoras, evitando subvenciones discrecionales. Ninguna empresa de gran tamaño con filiales o accionistas en paraísos fiscales debería ser elegible para recibir subvenciones públicas.

B. FORMACIÓN Y RETENCIÓN DEL TALENTO

Es fundamental para estimular el espíritu emprendedor en todas las fases educativas, tanto a través de la formación como de la muestra de ejemplos de emprendedores de éxito. Además la atracción del talento en las pequeñas empresas es la base de su capacidad de innovación y crecimiento futuro.

Cómo:

  • Educación
      • Creatividad y capacidad de aprendizaje. Acciones que ayuden a los alumnos a enfrentarse a las situaciones y resolverlas, a arriesgarse, equivocarse y aprender, a acertar y disfrutar. A entender que el fracaso es un paso previo al éxito. Fomentar el trabajo individual y en equipo, así como la toma de sus propias decisiones.
      • Generación de la inquietud emprendedora. Proponemos introducir en la educación secundaria asignaturas y actividades que permitan adquirir capacidades en la manera de captar y valorar oportunidades, la evaluación de riesgos, e incluso directamente la gestión y la creación de empresas. El estímulo para emprender se suscita también desde el ejemplo de emprendedores de éxito, a los que hay que dotar de visibilidad e imagen pública, resaltando su compromiso social, su carácter innovador, sus valores éticos.
      • Actividades intra y extra escolares para adopción cultural, que propicien el desarrollo de aptitudes y el acercamiento al lanzamiento de proyectos personales, a través de la creación de proyectos de empresa y de emprendedurismo social.
      • Impulso desde las Universidades: Mejorar el ratio de éxito/fracaso de las startups mediante el fomento de clubs de inversores y mentores ligados a universidades. Proponer, impulsar e incluso concretar, oportunidades de inversión, animando a que se pongan en práctica y ayudando a su implantación. El emprededurismo no es un arte, es una ciencia. Se aprende y se mejora con la educación.
      • Actualizar y adaptar la formación universitaria tecnológica a las necesidades del mercado, con fomento de los estudios técnicos entre los estudiantes de secundaria.
      • Fomento de la mentalidad internacional entre los estudiantes. Proponemos fomentar y valorar con estímulos fiscales a la contratación, haber completado la formación en el extranjero, como base a una preparación y mentalidad internacional de nuestras futuras generaciones.
  • Mercado Laboral
      • Condiciones laborales especiales para las start-up. Proponemos disminuir los costes que deben soportar en la primera fase, bonificando en todo o en una parte sustancial las aportaciones a la seguridad social de autónomos y contratados. Complementariamente, y en ese período, las empresas no deberían soportar la indemnización por despido consecuencia de la reducción ocasional de actividad o del cambio en las necesidades de cualificación a que obligue la reorientación de la empresa, siempre que se realice ésta en el campo de las tecnologías preferentes.
      • Incentivos para contratación de personal cualificado, local y extranjero. Extensión de programas para incentivar la contratación de especialistas/doctores… a otros perfiles clave de aportación de valor, durante las primeras etapas de actividad de la empresa. Además de facilitar la contratación de personas extranjeras con talento, simplificando la gestión de visados.
      • Facilitar la atracción y retención del talento a través de la creación de planes de opciones sobre acciones (stock option plans)

C. DINAMINACIÓN DEL MERCADO

Los emprendedores necesitamos un mercado que nos permita desarrollar nuestras ideas, sin trabas y  compitiendo en igualdad de condiciones con las grandes corporaciones. Buscamos una legislación y ecosistema emprendedor que tenga tolerancia con el “fracaso honrado”, respetando las reglas del juego.

Cómo:

  • Legislación
    • Legislación de los cobros y pagos relacionados con la Administración Pública y con la empresa privada. No adelantar ningún tipo de impuesto a la Administración si previamente no se han cobrado facturas pendientes de pago por ésta. Hacer cumplir la ley vigente en lo referente a los períodos de pago de las grandes empresas, aplicando penalizaciones efectivas por los retrasos y las situaciones de abuso con los emprendedores. La financiación de las grandes empresas a costa de los pagos a las pymes no debe tolerarse ni legal ni culturalmente.
    • Eliminación impuesto sociedades en empresas en crecimiento que reinviertan 100% en capital. Medida para sanear el balance de empresas en crecimiento, que apuesten por capitalizar sus beneficios como estímulo para su crecimiento durante los primeros cinco años de vida de la empresa.
    • Reducción de las obligaciones administrativas en licitaciones y concursos públicos por importes inferiores  a medio millón de euros, que impliquen aplicaciones tecnológicas intensivas en conocimiento. Se deberá simplificar la exigencia de referencias para empresas de reciente creación, dando mayor valor a los currícula de los socios, a la bondad técnica del proyecto o de la oferta, y reducir o eliminar las cantidades a depositar para poder presentarse a dichos concursos.
  • Ecosistema
    • Apoyo a los emprendedores, mejorando su visibilidad y facilitando la propaganda de sus iniciativas. Acciones en entornos sociales, medios, etc. de reconocimiento y ensalzamiento del emprendedor como generador de riqueza, empleo y desarrollo. Presentación del emprendedor como un dinamizador de la economía de su entorno.
    • Potenciación de clústers y centros de excelencia. Fomentar la generación de núcleos de excelencia, en donde se combinen centros de formación profesional y universitaria, departamentos de investigación de empresas relevantes, y programas de captación de inversores, desde los que se dé impulso recíproco a la investigación y al desarrollo, concretando nuevos proyectos empresariales y la formación cualificada en nuevas tecnologías.

¿Quienes somos?

Chamberi Valley es una iniciativa creada por un grupo de emprendedores de base tecnológica. Busca ser un punto de encuentro de emprendedores en fase de expansión internacional, que se enfrentan a retos comunes, distintos de la fase inicial de un proyecto.

El manifiesto está abierto a toda la comunidad emprendedora, y a toda la sociedad. Para concienciar de las necesidades y compromisos de los emprendedores de todo tipo y situación. Esperamos que origine un debate profundo, sobre las medidas que pueden ayudar a los emprendedores y estamos abiertos a toda aportación constructiva.

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Dos cosas, cortas en cuanto a mi aportación, relacionadas.

La primera me lleva a la segunda. Hoy he visto un vídeo y que ahonda en mi teoría, compartida con muchos, de que hay esperanza y que para ello hay que pelear. No voy a entrar en si es cierto o no, si es un extremismo y si no todos los funcionarios son o no así. Si la figura de la emprendedora (deformación que le doy yo porque no tiene por qué serlo) es un poco exagerada. Para mi lo importante es la actitud de ella, por supuesto novelada, y como digo quizá exagerada ante las barreras que recibe. No hay más moralejas por mi parte, con ver el vídeo sobra.

La segunda parte es igual de fácil y llego a ella por lo que siempre me ha gustado la figura de Churchill y por hilarlo con la chica y el famoso discurso, quizá el más famoso, del primer ministro inglés. El 4 de junio de 1940, en un mundo envuelto en la Segunda Guerra Mundial un recién nombrado primer ministro de un país salvajemente golpeado por la guerra y por los bombarderos alemanes regaló al mundo lo que muchos conocen como “We shall fight on the beaches” o “Blood, toil, tears, and sweat

Imagínate, aunque cueste y aunque repita parte de lo dicho antes. Llegas a primer ministro de un país arrasado por las bombas, no hace ni un mes que acaba de dimitir Neville Chamberlain, y te plantas el discurso que enfervoriza a tu país y que consigue ser recordado hoy mismo. A mi se me pone la piel de gallina…

Antes de dejarte con el discurso y animarte a pasar un buen día una recomendación: Si no has leído nada de Churchill no dejes de hacerlo. Quizá en esto soy muy raro pero para mi hay varios libros que son para leer varias veces en la vida. Uno de ellos es el ¡No nos rendiremos jamás! que no es otro que un recopilatorio de los mejores discursos del famoso Primer Ministro inglés, otro, quizá más profundo y muy muy grande es la biografía de este escrita por Roy Jenkins.

Que pases un buen día, que pelees y que disfrutes el discurso como lo hago yo (por si no lo quieres leer un vídeo más corto)

From the moment that the French defenses at Sedan and on the Meuse were broken at the end of the second week of May, only a rapid retreat to Amiens and the south could have saved the British and French Armies who had entered Belgium at the appeal of the Belgian King; but this strategic fact was not immediately realized. The French High Command hoped they would be able to close the gap, and the Armies of the north were under their orders. Moreover, a retirement of this kind would have involved almost certainly the destruction of the fine Belgian Army of over 20 divisions and the abandonment of the whole of Belgium. Therefore, when the force and scope of the German penetration were realized and when a new French Generalissimo, General Weygand, assumed command in place of General Gamelin, an effort was made by the French and British Armies in Belgium to keep on holding the right hand of the Belgians and to give their own right hand to a newly created French Army which was to have advanced across the Somme in great strength to grasp it.

However, the German eruption swept like a sharp scythe around the right and rear of the Armies of the north. Eight or nine armored divisions, each of about four hundred armored vehicles of different kinds, but carefully assorted to be complementary and divisible into small self-contained units, cut off all communications between us and the main French Armies. It severed our own communications for food and ammunition, which ran first to Amiens and afterwards through Abbeville, and it shore its way up the coast to Boulogne and Calais, and almost to Dunkirk. Behind this armored and mechanized onslaught came a number of German divisions in lorries, and behind them again there plodded comparatively slowly the dull brute mass of the ordinary German Army and German people, always so ready to be led to the trampling down in other lands of liberties and comforts which they have never known in their own.

I have said this armored scythe-stroke almost reached Dunkirk-almost but not quite. Boulogne and Calais were the scenes of desperate fighting. The Guards defended Boulogne for a while and were then withdrawn by orders from this country. The Rifle Brigade, the 60th Rifles, and the Queen Victoria’s Rifles, with a battalion of British tanks and 1,000 Frenchmen, in all about four thousand strong, defended Calais to the last. The British Brigadier was given an hour to surrender. He spurned the offer, and four days of intense street fighting passed before silence reigned over Calais, which marked the end of a memorable resistance. Only 30 unwounded survivors were brought off by the Navy, and we do not know the fate of their comrades. Their sacrifice, however, was not in vain. At least two armored divisions, which otherwise would have been turned against the British Expeditionary Force, had to be sent to overcome them. They have added another page to the glories of the light divisions, and the time gained enabled the Graveline water lines to be flooded and to be held by the French troops.

Thus it was that the port of Dunkirk was kept open. When it was found impossible for the Armies of the north to reopen their communications to Amiens with the main French Armies, only one choice remained. It seemed, indeed, forlorn. The Belgian, British and French Armies were almost surrounded. Their sole line of retreat was to a single port and to its neighboring beaches. They were pressed on every side by heavy attacks and far outnumbered in the air.

When, a week ago today, I asked the House to fix this afternoon as the occasion for a statement, I feared it would be my hard lot to announce the greatest military disaster in our long history. I thought-and some good judges agreed with me-that perhaps 20,000 or 30,000 men might be re-embarked. But it certainly seemed that the whole of the French First Army and the whole of the British Expeditionary Force north of the Amiens-Abbeville gap would be broken up in the open field or else would have to capitulate for lack of food and ammunition. These were the hard and heavy tidings for which I called upon the House and the nation to prepare themselves a week ago. The whole root and core and brain of the British Army, on which and around which we were to build, and are to build, the great British Armies in the later years of the war, seemed about to perish upon the field or to be led into an ignominious and starving captivity.

That was the prospect a week ago. But another blow which might well have proved final was yet to fall upon us. The King of the Belgians had called upon us to come to his aid. Had not this Ruler and his Government severed themselves from the Allies, who rescued their country from extinction in the late war, and had they not sought refuge in what was proved to be a fatal neutrality, the French and British Armies might well at the outset have saved not only Belgium but perhaps even Poland. Yet at the last moment, when Belgium was already invaded, King Leopold called upon us to come to his aid, and even at the last moment we came. He and his brave, efficient Army, nearly half a million strong, guarded our left flank and thus kept open our only line of retreat to the sea. Suddenly, without prior consultation, with the least possible notice, without the advice of his Ministers and upon his own personal act, he sent a plenipotentiary to the German Command, surrendered his Army, and exposed our whole flank and means of retreat.

I asked the House a week ago to suspend its judgment because the facts were not clear, but I do not feel that any reason now exists why we should not form our own opinions upon this pitiful episode. The surrender of the Belgian Army compelled the British at the shortest notice to cover a flank to the sea more than 30 miles in length. Otherwise all would have been cut off, and all would have shared the fate to which King Leopold had condemned the finest Army his country had ever formed. So in doing this and in exposing this flank, as anyone who followed the operations on the map will see, contact was lost between the British and two out of the three corps forming the First French Army, who were still farther from the coast than we were, and it seemed impossible that any large number of Allied troops could reach the coast.

The enemy attacked on all sides with great strength and fierceness, and their main power, the power of their far more numerous Air Force, was thrown into the battle or else concentrated upon Dunkirk and the beaches. Pressing in upon the narrow exit, both from the east and from the west, the enemy began to fire with cannon upon the beaches by which alone the shipping could approach or depart. They sowed magnetic mines in the channels and seas; they sent repeated waves of hostile aircraft, sometimes more than a hundred strong in one formation, to cast their bombs upon the single pier that remained, and upon the sand dunes upon which the troops had their eyes for shelter. Their U-boats, one of which was sunk, and their motor launches took their toll of the vast traffic which now began. For four or five days an intense struggle reigned. All their armored divisions-or what Was left of them-together with great masses of infantry and artillery, hurled themselves in vain upon the ever-narrowing, ever-contracting appendix within which the British and French Armies fought.

Meanwhile, the Royal Navy, with the willing help of countless merchant seamen, strained every nerve to embark the British and Allied troops; 220 light warships and 650 other vessels were engaged. They had to operate upon the difficult coast, often in adverse weather, under an almost ceaseless hail of bombs and an increasing concentration of artillery fire. Nor were the seas, as I have said, themselves free from mines and torpedoes. It was in conditions such as these that our men carried on, with little or no rest, for days and nights on end, making trip after trip across the dangerous waters, bringing with them always men whom they had rescued. The numbers they have brought back are the measure of their devotion and their courage. The hospital ships, which brought off many thousands of British and French wounded, being so plainly marked were a special target for Nazi bombs; but the men and women on board them never faltered in their duty.

Meanwhile, the Royal Air Force, which had already been intervening in the battle, so far as its range would allow, from home bases, now used part of its main metropolitan fighter strength, and struck at the German bombers and at the fighters which in large numbers protected them. This struggle was protracted and fierce. Suddenly the scene has cleared, the crash and thunder has for the moment-but only for the moment-died away. A miracle of deliverance, achieved by valor, by perseverance, by perfect discipline, by faultless service, by resource, by skill, by unconquerable fidelity, is manifest to us all. The enemy was hurled back by the retreating British and French troops. He was so roughly handled that he did not hurry their departure seriously. The Royal Air Force engaged the main strength of the German Air Force, and inflicted upon them losses of at least four to one; and the Navy, using nearly 1,000 ships of all kinds, carried over 335,000 men, French and British, out of the jaws of death and shame, to their native land and to the tasks which lie immediately ahead. We must be very careful not to assign to this deliverance the attributes of a victory. Wars are not won by evacuations. But there was a victory inside this deliverance, which should be noted. It was gained by the Air Force. Many of our soldiers coming back have not seen the Air Force at work; they saw only the bombers which escaped its protective attack. They underrate its achievements. I have heard much talk of this; that is why I go out of my way to say this. I will tell you about it.

This was a great trial of strength between the British and German Air Forces. Can you conceive a greater objective for the Germans in the air than to make evacuation from these beaches impossible, and to sink all these ships which were displayed, almost to the extent of thousands? Could there have been an objective of greater military importance and significance for the whole purpose of the war than this? They tried hard, and they were beaten back; they were frustrated in their task. We got the Army away; and they have paid fourfold for any losses which they have inflicted. Very large formations of German aeroplanes-and we know that they are a very brave race-have turned on several occasions from the attack of one-quarter of their number of the Royal Air Force, and have dispersed in different directions. Twelve aeroplanes have been hunted by two. One aeroplane was driven into the water and cast away by the mere charge of a British aeroplane, which had no more ammunition. All of our types-the Hurricane, the Spitfire and the new Defiant-and all our pilots have been vindicated as superior to what they have at present to face.

When we consider how much greater would be our advantage in defending the air above this Island against an overseas attack, I must say that I find in these facts a sure basis upon which practical and reassuring thoughts may rest. I will pay my tribute to these young airmen. The great French Army was very largely, for the time being, cast back and disturbed by the onrush of a few thousands of armored vehicles. May it not also be that the cause of civilization itself will be defended by the skill and devotion of a few thousand airmen? There never has been, I suppose, in all the world, in all the history of war, such an opportunity for youth. The Knights of the Round Table, the Crusaders, all fall back into the past-not only distant but prosaic; these young men, going forth every morn to guard their native land and all that we stand for, holding in their hands these instruments of colossal and shattering power, of whom it may be said that Every morn brought forth a noble chance And every chance brought forth a noble knight, deserve our gratitude, as do all the brave men who, in so many ways and on so many occasions, are ready, and continue ready to give life and all for their native land.

I return to the Army. In the long series of very fierce battles, now on this front, now on that, fighting on three fronts at once, battles fought by two or three divisions against an equal or somewhat larger number of the enemy, and fought fiercely on some of the old grounds that so many of us knew so well-in these battles our losses in men have exceeded 30,000 killed, wounded and missing. I take occasion to express the sympathy of the House to all who have suffered bereavement or who are still anxious. The President of the Board of Trade [Sir Andrew Duncan] is not here today. His son has been killed, and many in the House have felt the pangs of affliction in the sharpest form. But I will say this about the missing: We have had a large number of wounded come home safely to this country, but I would say about the missing that there may be very many reported missing who will come back home, some day, in one way or another. In the confusion of this fight it is inevitable that many have been left in positions where honor required no further resistance from them.

Against this loss of over 30,000 men, we can set a far heavier loss certainly inflicted upon the enemy. But our losses in material are enormous. We have perhaps lost one-third of the men we lost in the opening days of the battle of 21st March, 1918, but we have lost nearly as many guns — nearly one thousand-and all our transport, all the armored vehicles that were with the Army in the north. This loss will impose a further delay on the expansion of our military strength. That expansion had not been proceeding as far as we had hoped. The best of all we had to give had gone to the British Expeditionary Force, and although they had not the numbers of tanks and some articles of equipment which were desirable, they were a very well and finely equipped Army. They had the first-fruits of all that our industry had to give, and that is gone. And now here is this further delay. How long it will be, how long it will last, depends upon the exertions which we make in this Island. An effort the like of which has never been seen in our records is now being made. Work is proceeding everywhere, night and day, Sundays and week days. Capital and Labor have cast aside their interests, rights, and customs and put them into the common stock. Already the flow of munitions has leaped forward. There is no reason why we should not in a few months overtake the sudden and serious loss that has come upon us, without retarding the development of our general program.

Nevertheless, our thankfulness at the escape of our Army and so many men, whose loved ones have passed through an agonizing week, must not blind us to the fact that what has happened in France and Belgium is a colossal military disaster. The French Army has been weakened, the Belgian Army has been lost, a large part of those fortified lines upon which so much faith had been reposed is gone, many valuable mining districts and factories have passed into the enemy’s possession, the whole of the Channel ports are in his hands, with all the tragic consequences that follow from that, and we must expect another blow to be struck almost immediately at us or at France. We are told that Herr Hitler has a plan for invading the British Isles. This has often been thought of before. When Napoleon lay at Boulogne for a year with his flat-bottomed boats and his Grand Army, he was told by someone. “There are bitter weeds in England.” There are certainly a great many more of them since the British Expeditionary Force returned.

The whole question of home defense against invasion is, of course, powerfully affected by the fact that we have for the time being in this Island incomparably more powerful military forces than we have ever had at any moment in this war or the last. But this will not continue. We shall not be content with a defensive war. We have our duty to our Ally. We have to reconstitute and build up the British Expeditionary Force once again, under its gallant Commander-in-Chief, Lord Gort. All this is in train; but in the interval we must put our defenses in this Island into such a high state of organization that the fewest possible numbers will be required to give effective security and that the largest possible potential of offensive effort may be realized. On this we are now engaged. It will be very convenient, if it be the desire of the House, to enter upon this subject in a secret Session. Not that the government would necessarily be able to reveal in very great detail military secrets, but we like to have our discussions free, without the restraint imposed by the fact that they will be read the next day by the enemy; and the Government would benefit by views freely expressed in all parts of the House by Members with their knowledge of so many different parts of the country. I understand that some request is to be made upon this subject, which will be readily acceded to by His Majesty’s Government.

We have found it necessary to take measures of increasing stringency, not only against enemy aliens and suspicious characters of other nationalities, but also against British subjects who may become a danger or a nuisance should the war be transported to the United Kingdom. I know there are a great many people affected by the orders which we have made who are the passionate enemies of Nazi Germany. I am very sorry for them, but we cannot, at the present time and under the present stress, draw all the distinctions which we should like to do. If parachute landings were attempted and fierce fighting attendant upon them followed, these unfortunate people would be far better out of the way, for their own sakes as well as for ours. There is, however, another class, for which I feel not the slightest sympathy. Parliament has given us the powers to put down Fifth Column activities with a strong hand, and we shall use those powers subject to the supervision and correction of the House, without the slightest hesitation until we are satisfied, and more than satisfied, that this malignancy in our midst has been effectively stamped out.

Turning once again, and this time more generally, to the question of invasion, I would observe that there has never been a period in all these long centuries of which we boast when an absolute guarantee against invasion, still less against serious raids, could have been given to our people. In the days of Napoleon the same wind which would have carried his transports across the Channel might have driven away the blockading fleet. There was always the chance, and it is that chance which has excited and befooled the imaginations of many Continental tyrants. Many are the tales that are told. We are assured that novel methods will be adopted, and when we see the originality of malice, the ingenuity of aggression, which our enemy displays, we may certainly prepare ourselves for every kind of novel stratagem and every kind of brutal and treacherous maneuver. I think that no idea is so outlandish that it should not be considered and viewed with a searching, but at the same time, I hope, with a steady eye. We must never forget the solid assurances of sea power and those which belong to air power if it can be locally exercised.

I have, myself, full confidence that if all do their duty, if nothing is neglected, and if the best arrangements are made, as they are being made, we shall prove ourselves once again able to defend our Island home, to ride out the storm of war, and to outlive the menace of tyranny, if necessary for years, if necessary alone. At any rate, that is what we are going to try to do. That is the resolve of His Majesty’s Government-every man of them. That is the will of Parliament and the nation. The British Empire and the French Republic, linked together in their cause and in their need, will defend to the death their native soil, aiding each other like good comrades to the utmost of their strength. Even though large tracts of Europe and many old and famous States have fallen or may fall into the grip of the Gestapo and all the odious apparatus of Nazi rule, we shall not flag or fail. We shall go on to the end, we shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our Island, whatever the cost may be, we shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender, and even if, which I do not for a moment believe, this Island or a large part of it were subjugated and starving, then our Empire beyond the seas, armed and guarded by the British Fleet, would carry on the struggle, until, in God’s good time, the New World, with all its power and might, steps forth to the rescue and the liberation of the old.

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